La burbuja del poder

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El Zócalo ya no es para todos los mexicanos, sino para algunos que tienen el privilegio de entrar. El Estadio Azteca tampoco es para todos los mexicanos, sino para quienes tienen la capacidad económica de pagar boletos que alcanzan cifras impensables para la mayoría de las familias del país. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué México les están dejando a los mexicanos que no son cercanos al poder ni cuentan con los recursos económicos para acceder a esos espacios?

Durante años se habló de recuperar los espacios públicos para el pueblo. Se construyó una narrativa en la que los ciudadanos serían el centro de las decisiones y en la que los privilegios de unos cuantos quedarían en el pasado. Sin embargo, la realidad parece contar una historia distinta.

Mientras buena parte del país enfrenta problemas que van desde la inseguridad y las desapariciones hasta los conflictos magisteriales y las dificultades económicas, una élite política y económica parece vivir en una dimensión paralela: una burbuja donde los problemas nacionales se observan desde la distancia y donde los grandes eventos se convierten en escenarios exclusivos para unos cuantos.

Y es precisamente ahí donde las imágenes adquieren un enorme significado. Mientras miles de familias buscan a sus desaparecidos, mientras comunidades enteras viven bajo la amenaza de la violencia y mientras el país debate acusaciones que parecen sacadas de una serie de narcotráfico de Netflix, la presidenta Claudia Sheinbaum y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, aparecieron disfrutando de un partido de futbol en un ambiente festivo, ajeno al clima de preocupación que viven millones de mexicanos.

No se trata de negar el derecho de cualquier gobernante a asistir a un evento deportivo. El problema es el contraste entre la realidad que vive la mayoría y la realidad que experimentan quienes ocupan las posiciones más altas del poder.

En ese mismo escenario apareció también el empresario millonario Ricardo Salinas Pliego, tranquilo, burlándose del poder y sus haters, en un estadio que, por momentos, parece menos mexicano que nunca. Un recinto entregado a las disposiciones de la FIFA, organismo que llega con sus propias reglas, condiciones y exigencias, arrasando incluso con los derechos de los propios dueños del inmueble; regañando a Emilio Azcárraga; vulnerando acuerdos con los poseedores de palcos —con la ayuda, dirán algunos, de algún “Juez del Bienestar”—; sometiendo ciudades enteras y sustituyendo el derecho de los ciudadanos por la lógica del lucro en un evento que durante años se les prometió que sería suyo y para ellos.

Y el show, ageno a todo espíritu deportivo terminó siendo como la presentación de cualquier calendario de concierto del Foro de las Estrellas de Aguascalientes.

El Gobierno federal, la Ciudad de México, el gobierno de Jalisco y el de Nuevo León, les entregaron todo, y la FIFA no pareció dar nada a cambio, más allá del boleto que recibió la presidenta y que posteriormente decidió regalar.

La paradoja es contundente. El discurso sigue hablando del pueblo, pero los espacios más emblemáticos parecen reservarse para quienes tienen influencia, relaciones o dinero suficiente para cruzar las puertas.

Y no es solo el Estadio Azteca. También son las ciudades. La Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se preparan para adaptarse a las exigencias de organismos internacionales que transforman espacios públicos, modifican dinámicas urbanas y establecen condiciones que pocas veces son consultadas con los ciudadanos.

Mientras tanto, el mexicano común observa desde afuera: desde las calles donde la inseguridad sigue presente; desde las escuelas donde continúan los conflictos; desde los hogares de quienes buscan a un familiar desaparecido; desde la realidad de quienes no tienen acceso a los privilegios del poder ni a los beneficios de la élite económica.

La pregunta sigue ahí, incómoda pero necesaria: si los espacios públicos dejan de pertenecer al pueblo y los símbolos nacionales se vuelven exclusivos para unos cuantos, ¿qué México les están dejando a los mexicanos? Porque ya le quitaron hasta su futbol, que ya cobra por evento.