El partido que baila mientras el estado espera

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Al corte de la publicación de esta Batalla por la Sucesión, hay dos cifras que retratan mejor que cualquier discurso el estado real de Movimiento Ciudadano en Aguascalientes: 8,700 seguidores en su página de Facebook y 3,584 afiliados formales al partido en el estado (datos de 2026). Para ponerlas en perspectiva, el abogado que se ha convertido en uno de los críticos más severos de su diputada federal, Alan Capetillo, tiene 26 mil seguidores en su red social y reunió 3,800 firmas para contender como Senador de la República en una aventura mediática en la que le pedían 20 mil.

Esa desproporción no es anécdota, es diagnóstico. Cuando un solo ciudadano con criterio propio supera por mucho la conversación pública de todo un partido, la pregunta deja de ser retórica: ¿a Movimiento Ciudadano realmente le interesa Aguascalientes, o le interesa únicamente no perder esos 3,584 afiliados que sostienen su registro, llena eventos y le dan cierta vida en redes?

En medio de ese letargo, hay una excepción: Walter Schadtler. Es, al parecer, el único que no ha caído en la frivolidad ni en el conformismo que domina a sus compañeros de partido. Pero el Tribunal Electoral le cerró la puerta como candidato por Jesús María, salvo que un giro extraordinario revierta esa resolución.

Es regidor en ese municipio y, pese a pertenecer al cada vez más desdibujado grupo del ex gobernador Martín Orozco, podría haber sido un factor de impulso en la coordinación estatal, pero el fantasma del orozquismo, sin embargo, le complica cualquier escenario.

Movimiento Ciudadano entendió tarde —demasiado tarde— que venderle acciones políticas al ex gobernador fue una decisión equivocada. Ahora carga con esa hipoteca sin haber cobrado ninguno de los beneficios que imaginó.

Sobre el MC, lo más lamentable no es la falta de proyección, sino lo que la ha sustituido. El mayor reflector sobre el MC en este último tramo no ha venido de su trabajo en el cabildo capitalino ni de su desempeño en la Cámara de Diputados, lugares en los que naturalmente debería imponerse la agenda naranja, que eso sí, es bastante progesista. Han venido de la conversación pública sobre el partido y su eterna defensa sobre la polémica, no un proyecto de ley, no un texto, no una idea que abone al debate público. Nada que fortalezca la democracia participativa que tanto dicen defender.

Movimiento Ciudadano recurre una y otra vez al ejemplo de Jalisco para justificarse que es un partido en vías de desarrollo. Pero cabe preguntar: ¿quién en Aguascalientes está construyendo la agenda que Enrique Alfaro hizo al frente de la alcaldía de Tlajomulco? ¿Quién replica la trayectoria de Pablo Lemus al frente de Coparmex Jalisco, o después como conductor de noticias? La respuesta es nadie. El modelo que citan como inspiración no tiene equivalente local, porque no hay quién lo construya.

Lo mismo se promueve el factor Nuevo León, pero ¿quién en Aguascalientes tiene el empuje que tienen Luis Donaldo Colosio Riojas, Samuel García y Mariana Rodríguez?

Sin liderazgos consolidados, sin propuesta legislativa visible y sin estrategia clara, Movimiento Ciudadano en Aguascalientes ha optado por lo más sencillo: poner a bailar a los niños con la canción de Máynez. Una estrategia que puede mantener el registro y arañar uno que otro puesto de regidor, pero que no construye absolutamente nada. Es la política reducida a coreografía, mientras la sustancia —la que sí generaría seguidores propios, credibilidad y proyecto— sigue ausente.

Al final, la pregunta no es si Movimiento Ciudadano sobrevivirá en Aguascalientes. Es si alguna vez decidió existir aquí de verdad, más allá de lo indispensable para no perder esos 3,584 afiliados que, hoy por hoy, dicen más de su partido que cualquier bandera naranja ondeada en redes.

Al tiempo… y a su opinión.