Jesús María y el arte de sobrevivir al cabildo… y a la política regional

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Hay municipios donde la política se administra. Y hay municipios donde la política se pelea. Jesús María pertenece, sin discusión, a la segunda categoría.

No es casualidad. La mística que envuelve a este municipio tiene raíces que van más allá de cualquier ciclo electoral: la palabra “chicahual” viene del náhuatl y significa “fuerza de Dios” o “hombre fuerte y valiente”. Su danza —la representación de Moros y Cristianos, esa hermosa puesta en escena de la reconquista española frente al Islam, donde el bando cristiano encarna a los Chicahuales, defensores de la fe de Santiago— no es solo folclore. Es, sin que nadie lo diga en voz alta, el espejo de cómo Jesús María entiende el poder: como una batalla que se libra, se gana o se pierde, pero que jamás se administra en automático.

Por eso los cabildos de Jesús María no se parecen a los demás. Mientras en otros municipios las sesiones de cabildo son, en el mejor de los casos, pases de lista institucionales, en Jesús María cada espacio se defiende con dientes. La gente no olvida, y —esto es lo importante— se asegura de que se sepa que no ha olvidado. Ese es el verdadero código genético de la política local: la memoria como arma.

En ese terreno, nada fácil, le ha tocado gobernar a César Medina. Y conviene decirlo con todas sus letras: lo ha hecho bien.

El alcalde no gobierna en un territorio neutral. Por un lado tiene al único brazo operativo de Movimiento Ciudadano que no deja de buscar espacios propios. Por el otro, al grupo arraigado de Kendor Macías dirigente estatal del PRI en el estado, a través de su colega Gerardo Gutiérrez, todos cercanos al círculo de Alito Moreno, con toda la infraestructura partidista peleando, espacio por espacio, por hacerse de terreno en Jesús María.

Incluso, como dato complementario, también en el cabildo de Jesús María está Omar Camarillo viviendo lo que pareciera un autoexhilio político de Tepezalá, municipio del que fue alcalde por el Partido Verde.

Es, literalmente, una batalla campal entre grupos tan arraigados que ni el propio Andrés Manuel López Obrador, en su momento de mayor fuerza territorial pudo doblegarla del todo. Hoy, la regidora Gudelia Mares hace una resistencia por su partido en el cabildo, que parece cada vez más en solitaria pues las intenciones de Morena tuvieron que replegarse hacia Rincón de Romos, donde Morena sí ha logrado consolidar terreno y donde harán todo lo posible para mantener el poder por más temporadas.

Quien ha cubierto esta plaza como comunicador sabe que las batallas internas en Jesús María tienen un ritmo casi surrealista: no es extraño que en menos de un mes aparezcan hasta cuatro aspirantes distintos a una misma candidatura, todos dentro del mismo partido. O también, por qué no decirlo, la nostalgia aún presente entre comunicadores, empresarios muebleros y líderes de colonia por Gregorio Zamarripa, actual director del centro de mediación laboral del estado, y que hasta una colonia de este municipio lleva su nombre.

La clase políica de Jesús María de hoy absorbió a los grupos anteriores y agunos liderazgos como José Luis Mares, Arturo Piña o Jesse Franco que mejor se sumaron al gran grupo de Arámbula o retiraron de la poítica, mienras tanto Noé Mata abandonó cualquier intento por volver al municipio que gobernó a falta de veladoras encendidas por su reaparición, porque el verdadero examen de resistencia política está en este municipio. Y ahí es donde hay que reconocerle a César Medina algo que no es menor: se formó dentro de esa lucha, no llegó por encima de ella.

Medina no llegó a la alcaldía por accidente ni por imposición externa. Construyó, escalón por escalón, una relación de confianza tanto con la gente de Jesús María como con Antonio “Toño” Arámbula, hoy secretario general de Gobierno y aspirante también a la gubernatura del estado. Ese recorrido incluye pasos por Secretaría de Obras Públicas, Secretaría del Ayuntamiento, una regiduría, la presidencia del comité municipal del PAN, la coordinación de campaña del propio Toño Arámbula, y finalmente, la alcaldía.

No hay que descartar que previo al las siguientes eleccione se comience a hablar de un posible enroque con la diputada Laura Ponce, que también ha construído su propia historia.

Ese currículum no es protocolario: es el mapa de alguien que entendió, batalla tras batalla, cómo funciona realmente el poder en Jesús María. Y explica, en buena medida, por qué la mancuerna entre Medina y Arámbula ha funcionado con una solidez que otros municipios del estado no logran replicar.

Como muestra, basta un dato: Karla Espinoza, después de presentarse como un grupo político en Jesús María y crítico a su gobierno, optó por replegarse de Jesús María hacia el confort relativo del cabildo capitalino, un escenario muy agradable para generar historias del Instagram. No es un detalle menor. Es, en el fondo, un reconocimiento tácito de que este cabildo no perdona a quien no está dispuesto a pelear cada espacio como si fuera el último.

Faltan personajes, sucesos y más hechos. La historia política de Jesús María da, sin exagerar, para toda una serie de entregas editoriales. Entre Chicahuales, moros y cristianos, y una clase política que no conoce las treguas, este municipio se perfila como uno de los laboratorios más interesantes rumbo a la sucesión estatal de 2027. Y para el recién nacido portal de Ciudad de Jesús María Magacín (www.ciudadejesusmaria.com), no podía haber mejor terreno para sembrar.

Al tiempo… y a su opinión.