Los números del INEGI, publicados este 29 de julio, muestran una contracción de 1.7% en la actividad económica de Aguascalientes durante el primer trimestre de 2026. La tentación fácil —la de siempre— es buscar un culpable local: el gobierno estatal, la falta de visión empresarial, etc. Pero los propios datos del boletín obligan a una lectura más honesta: Aguascalientes no cae solo; cae arrastrado por una desaceleración que es, ante todo, nacional e industrial.
Basta ver el mapa completo. De las 32 entidades federativas, 25 registraron caídas o crecimientos raquíticos en su actividad económica secundaria. La variación nacional total del trimestre fue de apenas 0.3%, y si se excluye la minería petrolera, el crecimiento del país entero fue de un magro 0.1%. Estados con perfiles industriales muy distintos al nuestro —desde Quintana Roo hasta Coahuila, pasando por Jalisco y San Luis Potosí, nuestros vecinos directos en la región centro-norte— reportaron caídas en el sector secundario iguales o más severas que la nuestra. Esto no es un mal manejo aislado: es el síntoma de una manufactura mexicana que está resintiendo, en bloque, la incertidumbre del comercio exterior y el reacomodo de las cadenas de suministro norteamericanas. Para quienes han seguido esta columna y los apuntes de Gerardo Sánchez en Quiero Tv Aguascalientes, ya lo esperábamos.
Aguascalientes, con una vocación exportadora y automotriz que representa buena parte de su actividad secundaria, es particularmente sensible a ese viento en contra. Cuando la relación comercial con Estados Unidos se tensa por revisiones arancelarias y la renegociación del T-MEC genera dudas entre los inversionistas, las entidades más integradas a esas cadenas —como la nuestra— son las primeras en sentir el frenazo. No es casualidad que la región centro-norte completa —Aguascalientes, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Nayarit, San Luis Potosí y Zacatecas— haya restado 0.06 puntos a la variación nacional: es una región entera, no un estado aislado, la que está pagando el costo de la incertidumbre externa.
Dicho esto, entender la causa no exime de la responsabilidad de actuar. Y aquí es donde el debate debe moverse del lamento a la propuesta.
La solución no está en esperar a que pase la tormenta, sino en dejar de depender de un solo viento. Aguascalientes necesita acelerar, no de palabra sino con presupuesto y política pública concreta, la diversificación de su base productiva más allá del clúster automotriz-exportador que hoy lo hace vulnerable a cada sobresalto comercial con Washington. El gobierno estatal debe canalizar recursos e incentivos fiscales hacia sectores con menor exposición al comercio exterior —logística regional, agroindustria de valor agregado, servicios de tecnología y nearshoring de proveeduría nacional— capitalizando precisamente el terreno que sí muestra fortaleza: el sector terciario, que creció 1.5% y nos ubicó en el noveno lugar nacional.
Ese es el verdadero as bajo la manga que el boletín del INEGI deja entrever: mientras la manufactura tradicional sufre por decisiones que se toman en Washington y en las mesas de negociación de ME-JI-JO, los servicios, el comercio y la actividad gubernamental sostuvieron el pulso económico local. Fortalecer deliberadamente ese sector, en paralelo a una estrategia de atracción de inversión que no dependa exclusivamente del ensamble automotriz, no es un capricho ideológico: es la lección que los propios números de este trimestre están gritando.
El gobierno de Aguascalientes tiene ante sí una ventana de oportunidad clara antes de la próxima entrega del ITAEE, programada para el 29 de octubre: usar este trimestre de contracción como el argumento definitivo para impulsar, de una vez por todas, la diversificación económica que el estado ha postergado por comodidad durante los años de bonanza automotriz. La pregunta no es si la desaceleración nacional nos golpeó —los datos ya lo confirmaron—; la pregunta es qué políticas empleará Aguascalientes para caer lo menos, en un contexto nacional atormentado por las improvizaciones mediáticas, en vez de presentar un plan emergente ante la combalecencia del T-MEC.



