En política hay momentos en los que los hechos pesan más que los discursos. Y uno de ellos ocurre cuando un actor comienza a aparecer de manera consistente en las encuestas sin haber iniciado formalmente una campaña, sin haber levantado la mano y, sobre todo, sin haber declarado públicamente su intención de competir.
Ese parece ser el momento que vive el alcalde de Aguascalientes, Leonardo Montañez.
Prácticamente todas las mediciones que se han hecho públicas lo colocan como uno de los principales referentes rumbo a la elección por la gubernatura. Lo interesante es que el fenómeno no se limita a las encuestas difundidas en medios de comunicación. Los estudios demoscópicos de carácter privado, esos que circulan únicamente entre los equipos de estrategia de los distintos partidos políticos, muestran tendencias muy similares.
No es casualidad que, en este momento, buena parte de los aspirantes y de los grupos políticos busquen compararse con Leonardo Montañez. La competencia parece centrarse en demostrar quién puede alcanzarlo, quién puede disputarle el liderazgo o quién presume una estructura capaz de hacerle frente. En otras palabras, muchos están construyendo su narrativa política tomando como referencia al alcalde.
Sin embargo, hay una pregunta que todavía nadie responde con certeza.
¿Qué ocurrirá cuando Leonardo Montañez decida oficialmente levantar la mano?
Porque una cosa es aparecer en las mediciones sin estar en campaña y otra muy distinta es hacerlo cuando se active toda la estructura política, territorial y mediática que ha construido durante años de trabajo en el servicio público junto a su equipo, el cercano y el que lo respalda.
Hablar de estructura no significa únicamente operadores electorales. Significa una red de liderazgos ciudadanos, presencia en colonias y comunidades, comunicación permanente con distintos sectores sociales, relaciones institucionales y una imagen pública que ha venido consolidándose elección tras elección.
Ese escenario todavía no existe. Lo que hoy muestran las encuestas corresponde a un momento previo al arranque formal de cualquier proyecto político.
Por ello resulta llamativo que algunos actores ya estén mostrando sus músculos cuando el principal referente aún no entra oficialmente a la contienda. Es como disputar una carrera mientras uno de los competidores más fuertes continúa en la línea de salida.
En ese contexto merece reconocimiento que Acenta-Radiogrupo haya decidido publicar sus mediciones, como lo ha hecho en procesos electorales anteriores. La transparencia en la difusión de estudios de opinión permite enriquecer el debate público y ofrece elementos objetivos para analizar el comportamiento del electorado.
Además, sus resultados no difieren sustancialmente de los sondeos privados que conocen las dirigencias partidistas y los equipos de estrategia. Es decir, lejos de generar una percepción artificial, simplemente hacen visible una realidad que desde hace meses ya circula en los círculos políticos.
Desde luego, las encuestas no eligen gobernadores. La historia política mexicana está llena de ejemplos en los que una ventaja temprana terminó desapareciendo durante las campañas. Pero también es cierto que las mediciones permiten conocer el punto de partida de cada aspirante y ayudan a entender cómo se mueve el tablero político antes del inicio formal de la competencia.
Hoy ese tablero tiene un nombre que concentra buena parte de la atención: Leonardo Montañez.
La verdadera incógnita no es quién intenta alcanzarlo o en este momento lo supera. La pregunta que probablemente ya se hacen todos los partidos es qué sucederá el día en que decida convertirse, de manera oficial, en protagonista de la contienda.
Al tiempo… y a su opinión




