El Gigante que se sostiene solo

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La inauguración de la primera etapa del Parque Industrial San Marcos Valley no es solo una nota de infraestructura: es una declaración política. Con mil 700 millones de pesos de inversión, 140 hectáreas de capacidad y la promesa de 9 mil empleos directos, Aguascalientes vuelve a demostrar algo que ya empieza a ser un patrón incómodo para el discurso oficial nacional: cuando hay condiciones, la inversión llega, y esas condiciones se construyen desde las entidades, no desde Palacio Nacional.

Teresa Jiménez inauguró un parque diseñado para automotriz, electrónicos, manufactura avanzada, logística y tecnología, los sectores exactos que cualquier estrategia nacional seria de nearshoring debería estar peleando con dientes y uñas ante la reconfiguración del comercio internacional que impone Washington. Y aquí está la paradoja: mientras el gobierno federal se dedica a la narrativa de que “México va bien”, con el entusiasmo de villamelón que celebra en las gradas sin entender el marcador y las estadísticas, son los estados, Aguascalientes entre los más consistentes, los que construyen, atraen y sostienen la infraestructura que permite que esa frase tenga algo de verdad.

No es un matiz menor. La actual administración federal ha optado por una relación distante, cuando no de plano indiferente, con el fortalecimiento de corredores industriales. La política exterior errática de Donald Trump, con aranceles, amenazas y la revisión del T-MEC en el horizonte complicado del lado mexicano, debería haber activado una respuesta nacional articulada, agresiva, coordinada entre la Federación y las entidades para blindar la atracción de inversión que México todavía puede capturar del reacomodo global de cadenas de suministro. En cambio, lo que hay es un vacío que los gobiernos estatales llenan a marchas forzadas, cada uno por su cuenta, con los instrumentos que tienen a mano.

Aguascalientes lleva años entendiendo esta lógica mejor que la mayoría. La ubicación estratégica en el centro del país, la conectividad carretera y aérea, el ecosistema industrial ya consolidado desde hace décadas, la disponibilidad de talento calificado: nada de esto es casualidad ni resultado de política federal. Es producto de una decisión sostenida, sexenio tras sexenio, de que el desarrollo industrial es una prioridad de Estado local, no una ocurrencia. San Marcos Valley es la continuidad de esa apuesta, no su excepción.

Lo que debería preocuparnos y ocuparnos, es qué tan sostenible es este modelo si la brecha entre el esfuerzo estatal y la ausencia federal se sigue ensanchando. Aguascalientes puede seguir inaugurando parques industriales, pero la certeza jurídica en materia comercial, la política energética, la relación binacional con Estados Unidos, la revisión del tratado, eso no lo resuelve ninguna gobernadora, por más eficiente que sea su gestión. Ahí la responsabilidad es exclusivamente federal, y ahí es donde el gobierno de la República sigue sin dar señales de claridad, mientras insiste en un relato triunfalista que no se sostiene con los datos de atracción de inversión extranjera directa a nivel nacional.

Mientras en el país los estados conscientes inauguran parques industriales para la gran industria transnacional, el gobierno federal sigue relajado y festejando que ya envía limones a Rusia y aferrado en censurar a la prensa, por ejemplo.

El riesgo real no es que Aguascalientes deje de hacer su parte. El riesgo es que el resto del país no tenga quién haga la suyo, y que entidades como la nuestra terminen compitiendo, sin quererlo, contra la propia indefinición de su gobierno federal. Sostener las condiciones que hoy permiten inaugurar un parque industrial de clase mundial no es un logro que se pueda dar por garantizado: requiere que el estado siga nadando contra la corriente de un país que, en el discurso, presume estabilidad, y en los hechos, no termina de aprovechar la oportunidad histórica que representa el reacomodo comercial global.

Mientras eso no cambie, Aguascalientes seguirá haciendo lo que sabe hacer: construir infraestructura, atraer empresas y generar empleo, con o sin el paraguas de una estrategia nacional que, por ahora, brilla más por su ausencia que por sus resultados.

Al tiempo… y a su Opinión.