Nissan no está aquí por barata

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Durante años hemos repetido una explicación cómoda: Nissan está en Aguascalientes porque en México la mano de obra es más barata que en Estados Unidos.

Algo de verdad habrá en los costos laborales, por supuesto. Las empresas globales no son instituciones de beneficencia y fabrican donde encuentran mejores condiciones de competitividad. Pero esa explicación comienza a quedarse corta. Muy corta.

Porque si Nissan estuviera en Aguascalientes solamente para aprovechar trabajadores baratos, tendría un problema: cada vez necesita más tecnología para fabricar sus automóviles y, paradójicamente, mientras más automatiza sus plantas, más importante parece volverse Aguascalientes para la compañía.

En mayo de 2022, Jérémie Papin, presidente de Nissan América, y José Román, presidente y director general de Nissan Mexicana, anunciaron una inversión de 700 millones de dólares para modernizar su planta A1 y convertirla en una fábrica inteligente, incorporando automatización, digitalización y tecnologías 4.0. Esa inversión, ejecutada durante tres años, terminó destinada a la nueva generación del Kicks, que hoy se exporta desde Aguascalientes a 77 países. Actualmente, en el complejo de Aguascalientes funcionan más de 790 robots y existe capacidad instalada para producir más de 580 mil vehículos al año.

Entonces algo no cuadra con aquella explicación sencilla.

Si los robots pueden comprarse en Japón, Estados Unidos, China o prácticamente cualquier otro lugar del mundo, ¿por qué seguir instalándolos aquí?

La respuesta quizá esté en algo que dijo Joan Busquets, vicepresidente de Manufactura de Nissan Mexicana, y que debería hacernos mirar de otra manera nuestra relación con la empresa japonesa: “Las máquinas las podemos comprar, pero el talento hay que desarrollarlo”.

Ahí puede estar una parte mucho más importante de la historia.

Nissan llegó a Aguascalientes hace más de tres décadas: primero con la planta de motores, en 1982; luego con A1, en 1992; y finalmente con A2, en 2013, con una inversión cercana a los 2,000 millones de dólares. Durante ese tiempo no solamente construyó automóviles. Construyó proveedores, capacitó técnicos, formó ingenieros, desarrolló procesos productivos y creó alrededor de sus plantas un ecosistema industrial que no puede empacarse en cajas y trasladarse de un país a otro.

En A1 funciona además el Global Training Center de Nissan, el único de la compañía en América y el segundo fuera de Japón. Desde ahí no solo se capacita a trabajadores mexicanos —algunos de los cuales han viajado a Japón para formarse en prototipos y tecnologías avanzadas, y otros reciben preparación en visión artificial, Big Data y tecnologías 4.0—, sino también a técnicos de Brasil, Argentina, Chile y otros mercados de América Latina. Aguascalientes, en otras palabras, no solo recibe conocimiento: también lo exporta al resto del continente. 

Eso también es Aguascalientes.

Y mientras nosotros seguimos preguntándonos qué ocurriría si Nissan algún día se fuera, la empresa tomó una decisión exactamente en sentido contrario, que ha sido tema de varias entregas editoriales.

Como parte de su plan global Re:Nissan, la compañía decidió reducir su capacidad productiva mundial —de 3.5 a 2.5 millones de unidades anuales fuera de China— y pasar de 17 a 10 plantas, buscando una tasa de utilización cercana al 100 por ciento. En ese reacomodo cerró CIVAC, en Morelos: la planta más antigua de Nissan fuera de Japón, con casi 60 años de historia y más de 6.5 millones de unidades ensambladas, que representaba el 11 por ciento de la producción de la marca en México. Esa producción se trasladó íntegramente a Aguascalientes. Para dimensionar lo que significa esta consolidación, basta decir que el ajuste también alcanzó a Oppama, en Japón —cuna histórica de la compañía—, donde se eliminaron 2,400 empleos. Si hasta las plantas japonesas ceden terreno, la posición de Aguascalientes dentro de la red global de Nissan no es casualidad ni cortesía: es una apuesta deliberada.

En abril de este año ocurrió algo todavía más significativo: comenzó aquí la fabricación de la NP300/Frontier, anteriormente producida en Morelos y Argentina. Para hacerlo se invirtieron 96 millones de dólares, se ampliaron instalaciones —el complejo A1-A2 suma ya 181 hectáreas y 120 mil metros cuadrados de construcción— y se realizaron más de 240 mil horas de capacitación. La nueva línea se armó en apenas seis meses, trasladando herramental desde Argentina y Morelos, con más de 2,182 piezas críticas movilizadas para la operación. El proyecto generó cerca de 6 mil empleos directos e indirectos.

En otras palabras: mientras Nissan reduce fábricas en otras partes del mundo, concentra producción en Aguascalientes.

La pregunta entonces ya no debería ser solamente por qué Nissan sigue aquí.

La pregunta interesante es qué tenemos aquí que Nissan considera suficientemente valioso para traer más producción.

Seguramente hay costos competitivos. También están la ubicación geográfica, la cadena de suministro, los tratados comerciales, la infraestructura y muchas otras variables que intervienen cuando una empresa decide dónde fabricar cientos de miles de automóviles.

Pero existe otra que durante mucho tiempo hemos subestimado: el conocimiento.

Treinta años fabricando automóviles generan algo que no aparece inmediatamente en una nave industrial. Hay técnicos que saben detectar una falla antes de que se convierta en problema; ingenieros que conocen procesos específicos; proveedores que aprendieron los estándares de la compañía; trabajadores capaces de convivir con robots, inteligencia artificial y sistemas automatizados.

Eso también tiene valor económico. Y es un valor que hoy sostiene, de forma directa e indirecta, a unas 235 mil personas en la región, según cifras que la propia Nissan compartió el año pasado. El complejo tiene capacidad instalada para producir más de 580 mil unidades al año; en 2024, México produjo 678 mil vehículos de la marca, el 73 por ciento de los cuales se exportó a más de 80 países.

Y aquí aparece una paradoja particularmente interesante ahora que discutimos si la inteligencia artificial y la automatización terminarán quitándonos el trabajo.

Aguascalientes tiene hoy más robots dentro de las plantas de Nissan que nunca y, simultáneamente, Nissan ha decidido concentrar aquí toda su producción mexicana.

Conviene, eso sí, no perder de vista una tensión que también forma parte de esta historia: en mayo pasado trascendió que Nissan evaluaba, a nivel global, recortes adicionales de personal que podrían llegar a 20 mil empleos —15 por ciento de su plantilla mundial—, y en México ya se han anunciado ajustes de alrededor de mil puestos entre Morelos y Aguascalientes. La compañía crece en producción aquí mientras recorta en otras partes de su operación. El conocimiento acumulado protege a la planta; no garantiza, por sí solo, cada puesto de trabajo dentro de ella.

Quizá llevamos años formulando equivocadamente la pregunta.

El problema no es cuántos robots llegarán a las fábricas. Llegarán muchos más.

El verdadero desafío es qué tendremos que saber hacer los seres humanos para que las empresas sigan necesitando instalarlos junto a nosotros.

Porque una máquina puede comprarse. Treinta años de conocimiento acumulado no.

Al tiempo y a su opinión.