Mario Alberto se dedica a la aerografía, una técnica de pintura que permite trabajar sobre distintos tipos de superficies, desde muros y playeras hasta cortinas metálicas de establecimientos comerciales, entre otras.
Cuenta con un local en la calle Guadalupe Victoria número 511, en la zona Centro de la ciudad de Aguascalientes, donde realiza sus obras “para la raza”.
Su trabajo artístico es principalmente por encargo. Sus clientes pueden proporcionarle una descripción de lo que tienen en mente o darle libertad para desarrollar la propuesta a partir de su creatividad.
“Hay quienes me dicen la idea que traen y yo la saco, trato de trazarla o cosas que se me ocurren, el trabajo parte de la idea”, explica.
Mario Alberto aprendió a pintar en las calles y, con el paso del tiempo, convirtió esa práctica en un oficio al que actualmente dedica su trabajo y su forma de vida.
En el barrio, en “la esquina”, construyó buena parte de su aprendizaje y también formó vínculos familiares no consanguíneos: esa familia fuera de casa que, en contextos marcados por la desintegración familiar, la violencia y los problemas económicos, puede convertirse en un espacio de pertenencia.
“La pintura es algo que aprendí en las calles, primero se me dio pintando en las esquinas, (como una) forma de representación del barrio, pues es donde nace y crece uno, el círculo, la forma que conoce uno como familia aparte y, tú sabes que los barrios son por lo normal pura familia desintegrada, y lo primero que conoces es la raza de la esquina y son a los que ves como tus hermanos, es tu punto de reunión y es donde empiezas a representar lo que son, empiezas a hacer tus murales”, comenta.
“Pasa el tiempo vas madurando y ya después lo ves como un ‘jale’, ya lo ves de otra manera ya no es la misma cosa. Ya haces familia, te haces más responsable, bueno, quien ve la luz, verdad, quien no, sigue adelante y nunca hace nada de su vida”, afirma Mario. “Así es como nace y crece esto, es como todo va madurando; ya después hay quien lo toma y quien lo deja”.
El Cholo: una cultura más allá del estereotipo
Respecto a lo que representa la figura, la expresión y el modo de vida de un Cholo, Mario Alberto afirma que existe una gran confusión entre la población al respecto, debido, desde su perspectiva, a la “ignorancia de la gente” que estereotipa a esta figura y desconoce los elementos culturales que la conforman.
Para el artista, la cultura chola constituye una expresión que va más allá de las fronteras y que tiene relación con las condiciones de vida de los migrantes mexicanos y con la situación laboral que enfrentan quienes llegan a Estados Unidos como indocumentados.
“La gente confunde entre lo que son cholos y grafiteros, los grafiteros son los que pintan garabatos en las esquinas, letras que no se entienden en inglés con spray, un Cholo es muralista, representa lo que es lo más mexicano: Revolución, Religión, Pasado, o sea representa más bien a la raza, por eso siempre el cholo habla de la raza porque es lo que representa, es más cultural”.
En la cultura que rodea al Cholo, explica, cada elemento “tiene su sentido”. La vestimenta, por ejemplo, posee significados específicos que, con el tiempo, también han sido adoptados como una cuestión de moda.
“Es como la vestimenta del Cholo, también tiene su significado, hay quienes ya lo agarraron como moda pero sí tiene su significado, desde la ropa floja hasta el pañuelo que se ponen todo tiene su significado, nomás que hay quienes no lo saben y confunden al Cholo con el vandalismo, ser Cholo no es andar tatuado si no saber lo que está representando”.
Desde su perspectiva, algunos de los principales elementos de esta cultura tienen como referencia aspectos simbólicos relacionados con el trabajo obrero y un sentido de pertenencia de clase.
“El cholo usa mucho la marca ‘Dickies’, es el uniforme que le dan a los trabajadores en el otro lado (EU), significa trabajo, el pañuelo en la cabeza significa los hombres de campo, se lo ponían para cargar costales; la malla en la cabeza, cocineros, casi todos los inmigrantes cuando se vendió México, fue a lo que se dedicaron, al cultivo, a la cocina, era trabajo forzado. Esa es nuestra cultura, la ropa, nomás que muchos no lo saben”.
Mario Alberto también cuestiona la asociación automática entre la cultura chola, los tatuajes y la delincuencia.
“No saben distinguir entre un cholo y un pandillero, le dicen cholo a cualquiera que trae tatuajes”.
“Esto se debe a la ignorancia de la gente, porque si te fijas cuando una persona se hace un tatuaje, luego luego: maldito vago, maldito esto, lo otro, pero si un artista se lo hace, ¡mira qué chido le quedó!, depende de quién estén hablando, ahora sí que como te ven te tratan”.
Para el artista, detrás de cada expresión cultural existe una historia que debería ser conocida antes de emitir un juicio.
“La gente en vez de preguntar por qué juzgan por lo que ven, pero no se ponen a pensar que todo tiene una raíz”.
“El cholo nace y crece en el barrio, pero también trae mucho de cultura no es solo lo que porta, sino lo que piensa, lo que es”.
A decir de Mario Alberto, artista callejero y representante de esta cultura, el Cholo es marginado por su vestimenta, su estilo de vida y la posición social en la que se desenvuelve. Por ello, considera necesario difundir y explicar los elementos de esta cultura para combatir los prejuicios.
“Es bueno que se dé a conocer la cultura del Cholo para que la gente se dé cuenta y entienda y aprenda a conocer porque a veces dicen drogadictos: es un Cholo mariguano, pero lo que no saben que hasta hay licenciados, hay diputados, cuántos no tienen para pagar de las drogas más fuertes y lo hacen, pero pues a uno es más pobre pos te marginan más por ser pobre no hay otra, mariguanos hay en todos lados”.
Y lanza una comparación:
“Es como la corrupción que dicen de los policías, generalizan a todos los ‘polis’, siendo que también hay uno que otro bueno, pero se generaliza, siempre nos vamos por lo que vemos, no por lo que conocemos”.
El aporte del muralismo desde el barrio
Para Mario Alberto, pese a las limitaciones que pueden existir dentro de un barrio —como la falta de estudios, el desempleo, la marginación y la violencia—, ser Cholo como forma de vida también puede ampliar la perspectiva sobre la sociedad en la que se vive.
Desde su visión, el arte urbano y particularmente el mural se convierten en herramientas para transmitir ideas, valores, sentimientos y conocimientos.
“Muchas de las personas que crecemos en el barrio no tenemos estudio, pero a través de los muros, a través de las pinturas con el simple hecho de ver a (Francisco) Villa, los chavitos que no han ido a la escuela o se la viven en la calle preguntan: ¿Quién es ese señor? o ¿Por qué lo pintan? y de lo que van viendo en las esquinas, los que ya sabemos les decimos ‘este es un personaje de la Revolución’ y como no queriendo vas aprendiendo en la calle”.
Para el Cholo, la religión también tiene una gran importancia dentro de su modo de vida, conjugándose con un sentido de pertenencia territorial.
La Virgen de Guadalupe, explica, funciona como una bandera o un símbolo de identidad. Al igual que el estandarte independentista del cura Miguel Hidalgo, la imagen de la Guadalupana aparece en numerosas colonias populares y, desde su perspectiva, representa algo que va más allá de la fe religiosa.
“Porque la Virgen es un equivalente a la bandera, donde quiera que veas una Virgen Guadalupana es México, es barrio, es el equivalente al águila”.



