Desde hace aproximadamente 30 años, Arturo Vallejo Rodríguez y Angélica Cruz se dedican a la elaboración y venta de dulces típicos para la temporada de Día de Muertos. Al principio, traían la mercancía del estado de Guanajuato; sin embargo, desde hace dos décadas se convirtieron en productores y hoy son de los pocos que mantienen vivo este oficio en la ciudad de Aguascalientes.
En el mercado del Arroyo de Los Arellano, ubicado en la colonia Miravalle, elaboran y comercializan las tradicionales calaveritas de azúcar, frutas, calabazas y otros dulces característicos de esta temporada.
No obstante, esta tradición ha experimentado una profunda transformación con el paso del tiempo. De acuerdo con Arturo Vallejo, tanto la venta de dulces típicos como la de las famosas calaveritas de barro han perdido presencia, en parte debido a la diversificación de los negocios y productos que se ofrecen en el mercado.

“Antes se compraban en Guanajuato, pero ya el día de hoy se evita uno ir hasta allá y uno las hace con tiempo para venderlas.
“Ya hay muy pocos puestos de calavera, (no) como en aquel tiempo en que estaba frente al panteón de La Cruz, ahí se veía puro cacahuate, caña, calavera y no había otras cosas. Al día de hoy aquí ya hay más (puestos de) comida, hay más ropa… un tianguis como la Purísima.
“De que se va perdiendo poco a poco, sí, porque inclusive ya de barro nomás el señor este y uno que otro y antes no, todo era pura calavera donde quiera. Y ahora ya hay más venta de comida, de ropa, de zapatos, hasta lo que no, aquí encuentra uno”.
Ante este panorama, Arturo Vallejo y Angélica Cruz consideran que una alternativa sería organizar el mercado por giros comerciales, con espacios específicos para la venta de calaveritas y dulces tradicionales, así como áreas diferenciadas para ropa, accesorios y alimentos.
“Sería mejor una separación de lo que se vende. Si es pura calavera, pura calavera; pura comida, o sea cada quien su etapa, porque ya aquí hay más ropa que calaveras”.
Por ello, los productores piden a las autoridades que atiendan esta situación y busquen alternativas para preservar los oficios tradicionales, evitar que caigan en el olvido y mantener vivos los conocimientos que se han transmitido de generación en generación.
Hay pocos puestos de calaveritas de barro
La elaboración de calaveritas de barro también enfrenta dificultades para mantenerse vigente. Rosalío Estrada de Lira, alfarero con 62 años de experiencia, continúa dedicado a este oficio junto con sus hijos, pese a la disminución de las ventas y a la diversificación de los productos que se comercializan en el mercado de Los Muertitos.
“Es muy poca la venta porque hay mucha mercancía ya. Ya en esta tradición de las calaveras son muy pocos los puestos”.
Don Rosalío aprendió el oficio gracias a sus suegros, quienes se dedicaban a la alfarería en la misma zona de la colonia Miravalle. Recuerda que, durante años, producían grandes cantidades de calaveritas de barro y llegaban a entregar pedidos de hasta cinco mil piezas, principalmente a clientes de León, Guanajuato.
“Mis suegros hacían (calaveras de barro), y yo aprendí por ellos. Ellos entregaban por cantidades de hasta cinco mil calaveras a León, aquí no ponían puesto pero entregaban todo junto. Mi suegro hacía de todo: peregrinos, niños dioses, figuritas para los nacimientos, borreguitos. Ahí tengo yo moldes de eso, pero ya no alcanzo a hacer yo de eso”.
El alfarero coincide en que la tradición ha perdido fuerza, tanto por la disminución de las ventas como por los cambios en los intereses de las nuevas generaciones. Por ello, considera necesario impulsar acciones para rescatar este oficio y evitar que desaparezca.
“Puestos de calaveras hay muy pocos, dos o tres. (…) Está difícil por la competencia. Creo yo que el gobierno ya no hace nada (por rescatar la tradición), porque al gobierno lo que le interesa es la renta de los lugares, vendan lo que vendan.
“Nomás lo que quieren es el piso pagado y ya”.
Además de su trabajo como alfarero, Rosalío Estrada de Lira tiene un bazar de antigüedades ubicado en la calle Alberto del Valle 815, en la colonia Miravalle, donde continúa vinculado a objetos que conservan parte de la memoria y las tradiciones de la región.
La experiencia de ambos productores refleja los desafíos que enfrentan los oficios tradicionales en Aguascalientes: la competencia comercial, los cambios en los hábitos de consumo y la falta de espacios diferenciados para su venta. Su permanencia depende no solo del esfuerzo de quienes todavía los practican, sino también de las condiciones para transmitir estos conocimientos y mantenerlos presentes en las celebraciones de Día de Muertos.






