Donde cae uno, siempre hay otros: El R8

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El taller de Herrera olía a aceite viejo, metal caliente y café recalentado. Era un santuario mecánico donde el tiempo se detenía entre llaves inglesas y motores abiertos en canal. El R8 estaba sentado sobre una caja de herramientas, fumando lento, mirando con desdén una motocicleta china recién llegada.

—No me convencen —dijo, sin levantar la voz—. Son como promesas baratas: brillan al principio y luego te dejan tirado.

Herrera soltó una risa ronca, limpiándose las manos con un trapo negro.

—Pues se venden bien, R8. Baratas, rendidoras… la gente ya no busca historia, busca precio.

El detective negó con la cabeza.
Para él, una motocicleta no era solo fierro y tornillos: era memoria, carácter, legado.

—Una moto con historia es otra cosa —respondió—. Una Indian, por ejemplo. No cualquiera. Pancho Villa montó una en la Toma de Zacatecas. Eso no se compra en abonos. Eso se hereda.

El silencio cayó un segundo, pesado como plomo. Afuera, el sol de Aguascalientes se reflejaba en el asfalto, como si también escuchara la conversación.

Entonces vibró su muñeca.

R8 —susurró Lex, su reloj inteligente, con esa voz neutra que siempre parecía saber más de lo que decía—. Interrumpo tu nostalgia mecánica. Hay un nuevo caso.

El R8 bajó la mirada. Herrera entendió la señal y dio un paso atrás.

—La Fiscalía General del Estado de Aguascalientes informa —continuó Lex— la vinculación a proceso de un sujeto identificado como Víctor “N”, alias El Gory. Delito contra la salud. Narcomenudeo. Posesión con fines de comercio. Variante: venta.

Las imágenes comenzaron a formarse en la mente del detective como una película en blanco y negro.

—Los hechos ocurrieron el 8 de enero de 2026 —prosiguió Lex—. Camino de terracería. Comunidad Ejido Peñuelas. Patrullaje preventivo. Quince envoltorios azules. Sustancia granulada. Una pipa de cristal con residuos.

El R8 se puso de pie. El taller pareció encogerse.

—Clorhidrato de metanfetamina —añadió el reloj—. Dictamen pericial confirmado. Detención legal. Prisión preventiva justificada. Un mes y quince días para el cierre de investigación complementaria.

Herrera silbó bajo.

—¿Y qué tiene que ver eso contigo? —preguntó—. Suena a boletín oficial, no a caso tuyo.

El R8 se colocó la chamarra de cuero, esa que ya había visto demasiadas madrugadas.

—Porque donde cae uno, siempre hay otros —respondió—. Y Peñuelas no es punto final, es paso. Alguien lo puso ahí… y alguien más sigue vendiendo.

Lex vibró una vez más, casi como asentimiento.

—Coincido contigo, R8. La probabilidad de red activa es alta.

El detective sonrió apenas. Una sonrisa torcida, cansada.

—Prepárame el mapa, Lex. Y Herrera… —dijo, mirando de reojo la Indian vieja al fondo del taller— cuídame esa moto. Las historias largas siempre regresan al camino.

Salió del taller mientras el sol caía lento.
El motor de su vida volvía a encenderse.
Y como siempre, El R8 sabía que la noche no traía respuestas… solo más preguntas que alguien tenía que atreverse a hacer.