Violencia en México: un país que celebra cifras mientras la realidad sigue desbordada
En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, para esta reflexión usaré información del mismo Gobierno de México que, según su propia narrativa, reflejan una disminución significativa en la violencia homicida. De acuerdo con datos del Gabinete de Seguridad, agosto registró un promedio de 59.2 homicidios dolosos diarios, una reducción del 32% respecto a septiembre de 2024. También se destacó que se trata del agosto más bajo desde 2015.
Las dependencias federales acompañaron estas cifras con una larga lista de operaciones: miles de detenciones por delitos de alto impacto, más de 16 mil armas aseguradas, 245 toneladas de droga incautadas, así como el desmantelamiento de más de mil laboratorios clandestinos en 22 estados. A esto se suman acciones contra el robo de hidrocarburo y reportes sobre la estrategia contra la extorsión, que presume más de 43 mil llamadas atendidas y cientos de carpetas de investigación iniciadas.
El discurso oficial se completa con programas sociales: torneos deportivos para jóvenes, ferias de empleo, visitas comunitarias, comités de paz y campañas de desarme civil y ¿un amor descontrolado por su gobierno?. Con estos elementos, el gobierno asegura que su estrategia integral está funcionando y quien opine lo contrario, seguramente milita en otro partido o es seguidor de Salinas Pliego en Tik Tok.
Mientras las cifras federales buscan construir un país más seguro en papel, el México real sigue contando historias muy distintas, de terror. Especialmente para las mujeres, que viven en medio de agresiones constantes, desapariciones y feminicidios que rara vez encuentran justicia. La reducción de homicidios —aunque relevante— no ha logrado modificar un entorno donde la violencia contra ellas sigue creciendo o permanece estancada en niveles inaceptables.
La contradicción es evidente: mientras se celebran estadísticas, en la mañanera celebran a las mujeres gobernadoras, las agresiones en casa, en la calle y en el trabajo siguen normalizadas. La impunidad en delitos contra mujeres supera el 90% en gran parte del país. Y aunque el gobierno insiste en que sus programas de proximidad social son la clave, la experiencia diaria muestra instituciones rebasadas, autoridades que minimizan denuncias y un sistema que no protege a quienes más debería cuidar.
El problema no es que las cifras bajen, sino que se usen como un escudo discursivo. Porque detrás de cada número reducido hay cientos de casos invisibles, especialmente de violencia de género, que nunca llegan a las mañaneras ni a los informes oficiales.
Este 25 de noviembre vuelve a evidenciar una verdad incómoda: México no puede hablar de avances en seguridad mientras las mujeres sigan viviendo con miedo, sin protección y sin justicia. El país necesita algo más que datos. Necesita instituciones que funcionen, políticas públicas con perspectiva de género y un gobierno que reconozca que la violencia no está controlada, solo está medida.
Al tiempo… y a su opinión.

