A Opinión del 12/03/25

El hallazgo de restos humanos en Jalisco refleja la brutalidad del Crimen Organizado y la inacción gubernamental. México proyecta una imagen de horror e impunidad que el mundo observa con espanto.

La vergüenza de México ante el mundo: violencia, impunidad y descomposición social

Estoy horrorizado y apenado. No hay otra forma de describir lo que siento al ver cómo, una vez más, el nombre de México resuena en el mundo no por su cultura, su historia o su gente trabajadora, sino por la violencia brutal que nos carcome por dentro. El hallazgo de restos humanos en el rancho Izaguirre, presuntamente utilizado por el Crimen Organizado, es solo una nueva muestra del infierno que muchos viven a diario en este país. Y más allá del horror de los hechos en sí, lo que duele es la imagen que damos al mundo: un país donde la vida humana parece valer cada vez menos.

El narcotráfico y la impunidad se han convertido en los peores embajadores de México. Mientras el gobierno intenta vender una narrativa de estabilidad y progreso, la realidad nos golpea con imágenes de fosas clandestinas, violencia desmedida y comunidades enteras sometidas por el crimen organizado. Y es aquí donde el trumpismo y su retórica anti-México encuentran su mayor justificación. ¿Cómo contradecirlos cuando en nuestras propias tierras las autoridades parecen incapaces de frenar esta barbarie?

Los detalles de este hallazgo en Teuchitlán son escalofriantes. Seis lotes con restos humanos, ropa, zapatos, mochilas y, por si fuera poco, libros y fotografías que alguna vez pertenecieron a personas con sueños, miedos y esperanzas. Entre los títulos encontrados, “El Arte de la Guerra”, “Psicología Aplicada” y “La última noche antes del fin del mundo”, junto con una Biblia que contenía fotografías de un menor. ¿Qué nos dice esto? Que detrás de cada cuerpo abandonado en estos campos de exterminio hay una historia humana, una familia destrozada y un país que sigue acumulando tragedias.

La reacción de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Jalisco es, como siempre, la misma: aseguramientos tardíos, declaraciones vagas y la promesa de que ahora sí se evitará que el rancho vuelva a ser usado por criminales. Pero, ¿cómo creerles cuando este mismo predio ya había sido asegurado en septiembre de 2024 y, meses después, sigue siendo un epicentro de horror?

Nos avergüenza que, mientras el mundo observa, México no puede —o no quiere— frenar esta sangría. Nos duele que cada hallazgo de restos humanos sea recibido con una especie de resignación, como si fuera un episodio más de una historia interminable. Y nos indigna que esto sea utilizado por quienes, desde fuera, buscan descalificar y denigrar a nuestro país, cuando lo que realmente necesitamos es apoyo, justicia y un verdadero cambio de rumbo.

El rancho Izaguirre no es solo un terreno más en la geografía del horror mexicano. Es un reflejo de lo que hemos permitido que suceda. Y si no despertamos, si seguimos tolerando gobiernos que minimizan la crisis o que son cómplices de la misma, lo que hoy es una vergüenza ante el mundo se convertirá en nuestra condena definitiva.

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