A Opinión del 29/8/25

El Senado se disfraza de circo mediático, mientras la crisis de gobernanza avanza y el país pierde rumbo y confianza.

El Senado y su circo mediático

El Senado de la República se ha convertido en un escenario donde la política se diluye en espectáculo. Lejos de ser el espacio de debate serio y profundo que la nación necesita, hoy es un circo donde lo importante queda sepultado bajo montajes diseñados para las cámaras.

Mientras el país enfrenta una crisis de gobernanza que se refleja en inseguridad, polarización, corrupción y desconfianza ciudadana, nuestros senadores se dan el lujo de distraer al público con pleitos, gritos y discursos de ocasión. ¿De verdad creen que la gente se traga esa función barata? Todo apunta a que sí: el show mediático es su estrategia para bajar la tensión, para disfrazar la ausencia de soluciones y para simular que cumplen con su trabajo.

La sospecha es inevitable: el Senado no busca resolver los problemas nacionales, busca administrarlos políticamente. Y lo hace apelando al viejo truco de la distracción: entretenernos con lo superficial mientras lo urgente se posterga indefinidamente.

Pero lo más grave no es el espectáculo en sí, sino el daño que causa. Cada sesión que se convierte en circo erosiona la credibilidad de una institución que debería ser contrapeso del poder y garante de la democracia. Y así, en lugar de contener la crisis de gobernanza, la profundiza.

Al final, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué es más peligroso, un Senado incapaz de legislar o un Senado que finge hacerlo mientras monta su propia telenovela? El show podrá entretener a algunos, pero al país lo está hundiendo en la más amarga de las certezas: que quienes deberían gobernar prefieren actuar.

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