Dos de noviembre: el país que cuenta a sus muertos

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Cada 2 de noviembre México se detiene a recordar a quienes ya no están. La tradición está reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad y mantiene vigencia porque cumple una función concreta: nombrar a los muertos. Conviene preguntarse si, como Estado, hacemos lo mismo el resto del año.

Las cifras del INEGI dan una primera respuesta. En 2024, se contabilizaron 819 672 defunciones registradas, con base en los certificados que suministran las oficialías del Registro Civil. Es el dato definitivo más reciente. Para dimensionarlo hay que mirar 2021, cuando el registro llegó a 1 122 249 defunciones. La diferencia supera las 300 mil personas y corresponde, en su mayor parte, al efecto de la pandemia.

En materia de violencia, el panorama mejora, pero sigue siendo grave. De acuerdo con el INEGI, los homicidios cayeron 16% en 2025 y suman 27 mil 989 casos. Es un descenso que debe reconocerse. Pero se mide contra un punto de partida alto: en 2017, el instituto documentó 31 mil 174 homicidios, una razón de 25 por cada 100 mil habitantes. Que la cifra baje no la vuelve aceptable, y menos para las familias que llegan a esta fecha sin respuestas de la autoridad.

Hay un límite que debe decirse con claridad: la estadística registra a quienes tienen acta de defunción. No contabiliza a las personas desaparecidas, cuyas familias no tienen una tumba que visitar ni un certificado que presentar. Para ellas, la fecha es una exigencia de verdad y de justicia.

Tampoco la violencia explica la mayor parte de las muertes. Según cifras preliminares del INEGI, entre enero y marzo de 2026 se registraron 207,599 defunciones, con las enfermedades del corazón entre las principales causas. Lo que más pesa en la mortalidad del país es la salud pública: prevención, diagnóstico oportuno y acceso a atención médica.

Aguascalientes no es la excepción. Con base en datos del INEGI, la tasa de defunciones registradas por cada 100 mil habitantes, según entidad de ocurrencia, fue de 382.51, la quinta más baja del país. Es un dato favorable, pero engañoso si se lee solo. Las principales causas de muerte en el estado se concentran en enfermedades crónicas no transmisibles, particularmente enfermedades del corazón, tumores malignos y diabetes mellitus. En el primer semestre de 2023, por ejemplo, las defunciones registradas en la entidad sumaron 3,883, y las enfermedades del corazón fueron la primera causa, con 773. Es decir, lo que más se lleva a los hidrocálidos es en buena medida lo que la prevención y la atención oportuna pueden retrasar.

De ahí la conclusión. Honrar a los muertos es una costumbre; atender a los vivos es una responsabilidad pública. Un país que dedica un día entero a recordar a sus difuntos debería exigirse, los 364 días restantes, registrar bien cada muerte, esclarecer las que son producto de la violencia y reducir las que se pueden prevenir.

Al tiempo… y a su opinión