El Cráneo del Sur

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La lluvia caía como si quisiera borrar los pecados de la ciudad. Las luces del centro histórico de Aguascalientes parpadeaban sobre el asfalto húmedo cuando el R8 recibió el mensaje.

No fue una llamada.
No fue un correo.

Fue un destello en la pantalla de Lex, su reloj inteligente.

“La piedra duerme, pero el cráneo ha desaparecido.
Si eres digno, preséntate a las 23:33.
Avenida Barragán  No. 7

El R8 levantó la mirada.
Las calles de Aguascalientes guardan más secretos que sus iglesias y más pactos que sus cantinas.

Encendió su motocicleta. El motor rugió como un animal antiguo. Y se lanzó hacia la dirección indicada.


I. La fachada

El edificio parecía muerto.

Fachada cuarteada.
Ventanas rotas.
Puerta oxidada.

Un inmueble más condenado al olvido.

Pero el R8 sabía leer silencios.

Tocó dos veces.
Pausa.
Dos más.

La puerta se abrió sin rechinar.

Lo que encontró adentro no era ruina.

Era un templo.

Columnas blancas impecables.
Suelo ajedrezado en blanco y negro.
Símbolos antiguos tallados con precisión matemática.
Candelabros que iluminaban el recinto con una luz dorada, casi ritual.

Un hombre de traje oscuro lo esperaba al centro.

—Bienvenido, R8. Esta es una reunión extraoficial.


II. El cráneo templario

En el corazón del templo, sobre un pedestal cubierto con terciopelo rojo, había un vacío.

—Ahí descansó durante nuestra existencia en el estado —dijo el Venerable Maestro—. El cráneo de un Caballero Templario.

El R8 no sonrió.
Había aprendido que lo imposible suele ser solo historia mal contada.

—Fue dejado en resguardo por antiguos peregrinos que cruzaron estas tierras rumbo al sur —continuó el Maestro—. Nuestros hermanos lo custodiaron desde tiempos de los padres fundadores de Aguascalientes.

—¿Y ahora? —preguntó el detective.

—Desapareció.

No hubo puertas forzadas.
No hubo alarmas activadas.

Solo un símbolo grabado en la base del pedestal.

Una serpiente enroscada en una espada rota.

El R8 frunció el ceño.

—La Orden del Velo Negro…

Una organización secreta que creía que toda orden antigua debía ser destruida. Fanáticos de la purga histórica.

—Buscan acabar con nosotros —dijo el Maestro.

—Entonces eligieron mal la noche —respondió el R8.


III. La emboscada

Lex vibró.

Movimiento detectado.

Las luces se apagaron.

Disparos.

Sombras encapuchadas irrumpieron por la entrada principal. No buscaban diálogo. Buscaban exterminio.

El R8 reaccionó antes de pensar.

Golpe al cuello.
Llave al brazo.
Rodilla al abdomen.

Uno cayó contra el suelo ajedrezado. Otro se levantó con un cuchillo ceremonial.

El acero brilló bajo la penumbra.

Chocaron.

El filo rozó el costado del R8, pero él respondió con una patada giratoria que envió al atacante contra una columna.

—¡Van por el archivo! —gritó un masón herido.

El R8 corrió hacia la cámara privada.

La caja estaba abierta.

Vacía.

Pero en el suelo, tierra roja.

Lex analizó la muestra.

—Composición volcánica. Coincide con zonas cercanas a antiguas haciendas rumbo a Zacatecas.

El R8 sonrió apenas.

—Aún no han salido.


IV. La hacienda

Horas después, bajo un cielo cargado de tormenta, el R8 llegó a una hacienda semiderruida iluminada por antorchas clandestinas.

En el patio central, la Orden del Velo Negro rodeaba el cráneo templario.

Lo habían colocado sobre un altar improvisado.

—Con esto caerán los guardianes de la vieja luz —proclamó su líder.

El R8 no pidió permiso.

Rompió una ventana.

El vidrio estalló como campana de guerra.

Golpes.
Gritos.
Disparos al techo.

Uno por uno cayeron los encapuchados.

El líder intentó huir con el cráneo bajo el brazo.

Se enfrentaron en el patio bajo la lluvia.

Puños contra barro.
Respiración contra furia.

El líder sacó una pistola.

Lex emitió una descarga electromagnética portátil.

El arma murió en su mano.

El R8 lo derribó con un golpe seco.

Silencio.

Solo la lluvia lavando el rostro vacío del cráneo.


V. El regreso

El cráneo volvió a su pedestal.

El templo guardó silencio como si nada hubiera ocurrido.

—Le debemos una deuda —dijo el Venerable Maestro.

El R8 negó con la cabeza.

—No me deben nada. Solo recuerden que los secretos pesan más cuando se olvidan.

Antes de salir, el Maestro añadió:

—Ese cráneo no es solo reliquia. Es símbolo.

—¿De qué?

—De que Aguascalientes tiene raíces más profundas de lo que creemos.

El R8 encendió su motocicleta.

Mientras la ciudad dormía, pensó que bajo el asfalto no solo fluía agua caliente.

Fluía historia.

Y guerra.

Lex vibró de nuevo.

Nuevo mensaje recibido.

El R8 sonrió.

La noche apenas comenzaba.


Escucha el corrido El Crándeo del Sur: