A Opinión del 26/3/25

México enfrenta un desafío con los aranceles de Trump, pero debe diversificar mercados, innovar y negociar para fortalecer su industria automotriz.

El gran reto de la industria mexicana ante los aranceles de Trump

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la imposición de aranceles del 25% a las importaciones de automóviles representa un desafío mayúsculo para la industria automotriz mexicana. México ha sido históricamente un pilar fundamental en la cadena de suministro automotriz de América del Norte, y esta medida amenaza con desestabilizar uno de los sectores más importantes de la economía nacional.

El sector automotriz representa aproximadamente el 3.5% del PIB mexicano y genera millones de empleos directos e indirectos. Las plantas de ensamblaje, los proveedores de autopartes y la red logística dependen en gran medida del comercio con Estados Unidos, su principal socio comercial. Imponer un arancel del 25% encarecería los costos para las automotrices estadounidenses, lo que podría traducirse en una reducción drástica de las exportaciones mexicanas y, en el peor de los casos, en cierres de plantas y despidos masivos.

La interconexión de las cadenas de suministro hace que una pieza pueda cruzar la frontera varias veces antes de convertirse en un automóvil terminado. La aplicación de aranceles intermitentes en cada cruce encarecería aún más la producción, afectando la competitividad de México frente a otros países con menos barreras comerciales.

Ante este panorama, México debe replantear su estrategia para mantener su posición en la industria automotriz global. Es urgente reducir la dependencia de Estados Unidos y fortalecer el comercio con Europa, Asia y Latinoamérica. El Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y el Acuerdo Comercial con la Unión Europea pueden ser alternativas viables.

Siguiendo el ejemplo de Canadá, México podría impulsar una red más sólida de producción y ensamblaje a nivel nacional, reduciendo la necesidad de exportar piezas constantemente. Fomentar el desarrollo de tecnología propia y la inversión en movilidad eléctrica permitirá a México mantenerse a la vanguardia y ofrecer productos de mayor valor agregado.

La vía del diálogo con Estados Unidos sigue siendo esencial. México debe demostrar que su industria automotriz beneficia a la economía estadounidense al generar empleos y mantener precios competitivos para los consumidores.

El reto es enorme, pero también representa una oportunidad para replantear el modelo de negocios de la industria automotriz mexicana. La clave estará en la adaptabilidad, la diversificación y la inversión en tecnología. México debe reaccionar con rapidez e inteligencia para sortear este obstáculo y consolidar su presencia en el sector automotriz global.

El proteccionismo de Trump puede representar un golpe duro, pero la resiliencia y capacidad de innovación de la industria mexicana pueden convertir esta crisis en una oportunidad de crecimiento. La pregunta es: ¿estamos listos para asumir el reto?

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