Extracción de musgo afecta ecosistema de Aguascalientes 

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El musgo, esa alfombra verde que suele pasar desapercibida en bosques, barrancas y zonas húmedas, cumple funciones ecológicas de enorme relevancia para los ecosistemas. Su extracción sin control —una práctica común durante la temporada decembrina para la realización de adornos, nacimientos y arreglos artesanales— tiene impactos que van mucho más allá de lo estético. Diversos especialistas y estudios recientes han documentado que la remoción de musgo altera el ciclo del agua, debilita los suelos, reduce la biodiversidad y contribuye indirectamente a la degradación ambiental en zonas ya vulnerables.

Los musgos actúan como auténticas esponjas naturales: captan y retienen una cantidad de agua que puede superar varias veces su peso, moderando la infiltración y reduciendo la erosión del suelo. Cuando se retira esta cubierta vegetal, el terreno queda expuesto a escurrimientos intensos, pérdida de humedad y mayor degradación. Además, su descomposición aporta nutrientes esenciales y ayuda a la formación de capas fértiles en lugares donde otras plantas no pueden crecer con facilidad.

Su importancia también es decisiva en términos de biodiversidad. Las colonias de musgo conforman microambientes estables y húmedos donde prosperan microorganismos, hongos, pequeños artrópodos y diversas formas de vida que dependen directamente de ellos. Al remover esta cubierta, múltiples especies pierden refugio, alimento o condiciones estables para sobrevivir. En ecosistemas frágiles, especialmente aquellos con suelos pobres, estos microhábitats pueden marcar la diferencia entre un entorno resiliente y uno en camino a la desertificación.

Más aún, investigaciones recientes han demostrado que los musgos juegan un papel crucial como sumideros de carbono, contribuyendo a la regulación del clima. Su presencia en el suelo incrementa la acumulación de materia orgánica y la retención de CO2, lo que los convierte en componentes esenciales frente al cambio climático. Sin ellos, los suelos pueden perder rápidamente esa capacidad de capturar carbono, deteriorando también su fertilidad y estructura.

Pese a la evidencia, en México la extracción de musgo sigue siendo una práctica común. Y aunque la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente establece que su recolección, transporte y comercialización son ilegales sin permiso y programa de manejo emitidos por la SEMARNAT, el problema persiste en varios estados, debido a una combinación de demanda estacional, tradición cultural y falta de vigilancia efectiva.

En Aguascalientes, la venta continúa pese a la prohibición

Aguascalientes no es la excepción. Aunque su extracción y comercialización están prohibidas a nivel federal, la venta de musgo continúa presente en tianguis y puntos informales del estado durante el mes de diciembre. Lo reconoce el propio municipio: la falta de lineamientos claros para supervisar esta actividad ha permitido que el producto siga llegando a los puestos sin mayores restricciones. “Le hablé a la Secretaría de Medio Ambiente para ver en qué artículo o qué dependencia es la que puede hacerlo, porque nosotros no somos peritos en la materia. Están abiertos los tiempos para cualquier autoridad municipal, estatal o federal para que hagan las revisiones pertinentes”, señala Israel Díaz García, director de Mercados, Estacionamientos y Áreas Comerciales.

El funcionario explicó que, aunque la presencia de musgo aumenta en temporada navideña, el municipio no ha recibido sustento legal ni instrucciones formales para actuar. La confusión se agrava por la dificultad de distinguir a simple vista entre productos sintéticos, especies silvestres y variantes permitidas.

Sin lineamientos claros y sin capacitación especializada para los inspectores, el resultado es que la extracción ilegal continúa sin grandes obstáculos. Y aunque Aguascalientes no es un estado con extensos bosques húmedos —hábitat preferente del musgo—, la demanda local alimenta cadenas de recolección provenientes de otras regiones donde sí existen ecosistemas sensibles. Esto, a su vez, representa un riesgo ambiental que trasciende fronteras estatales y contribuye al deterioro de áreas naturales a nivel nacional.

Así, Aguascalientes se suma a una problemática nacional en la que la tradición, la poca educación ambiental, la informalidad comercial y la falta de lineamientos han puesto en riesgo un recurso mucho más valioso de lo que parece.