Guardia Nacional, maquinitas y nuevo comandante en Aguascalientes

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Vimos el video en redes y la primera reacción fue la misma que tiene cualquiera con acceso a Internet: de la incredulidad a la rabia, y al final la sensación de que algo huele a pólvora.

Uniformados dentro de un local de tragamonedas; desactivando cámaras; una persona sometida en el piso, hincada, con la cabeza baja; máquinas destrozadas y, según la propietaria, efectivo y teléfonos desaparecidos. Si esto fuera una película, la trama sería demasiado obvia: operativo que parece saqueo.

Conozco a muchos guardias nacionales. No voy a poner la mano en el fuego por ninguno, pero tampoco soy ingenuo: lo que se ve en el video no es profesionalismo, es torpeza y hambre. Hambre de poder, hambre de atajos, hambre de monedas de cinco pesos.

Si la intervención tenía como objetivo desmantelar un casino ilegal —y esos “casinos de banqueta” son, en efecto, un problema real: operan sin permisos, no pagan impuestos y, según investigaciones, sirven como puntos de contacto para narcomenudeo y reclutamiento juvenil—, la forma en que se ejecutó convierte la solución en parte del problema.

Lo que hace la escena aún más escandalosa es la coincidencia temporal: el video circula justo cuando el general Isaac Aarón Jesús García acaba de asumir como coordinador estatal de la Guardia Nacional en Aguascalientes. ¿Bomba de bienvenida? ¿Regalo de la calle para el nuevo mando? ¿Primer examen de fuego? Dejamos la respuesta en el aire.

Al nuevo comandante se le atribuye una larga trayectoria en las Fuerzas Armadas: cargos en coordinación estatal —se menciona su paso por Puebla—, funciones de Estado Mayor, incluso como Jefe de Estado Mayor de la Primera Región Militar, y su paso por la Misión Permanente de México ante la ONU.

En sus primeras declaraciones confirmó el arribo de 38 elementos para reforzar los límites con Jalpa, que “se encuentran trabajando de forma coordinada con el Ejército Mexicano, Policía Estatal y Municipal”. Respecto al operativo en el casino ilegal, dijo que se llevará a cabo una investigación para esclarecer los hechos y, en caso de comprobarse responsabilidades, se actuará conforme a la ley y a los reglamentos internos de la institución.

Sustituye en el cargo a Edmundo Blanco Lozada, y su toma de posesión fue un acto con toda la parafernalia institucional: la gobernadora Tere Jiménez, mandos regionales y la presencia de figuras como el general Gerardo Serna Melchor, coordinador territorial de la Guardia Nacional Región Centro‑Norte; Álvaro Javier Juárez Vázquez, comandante de la 14/a Zona Militar; y María José Ocampo Vázquez.

Los relevos en Aguascalientes se producen en un momento de reacomodo nacional: la Presidencia presentó al general Guillermo Briceño Lobera como nuevo comandante de la Guardia Nacional el 6 de febrero, en sustitución del general Hernán Cortés, quien fue reasignado a la Oficialía Mayor de la Sedena.

Pero no minimicemos el fondo: las “maquinitas” no son un entretenimiento inocente. Son un síntoma de economía informal, de evasión fiscal y, en muchos casos, de redes que se alimentan de la vulnerabilidad juvenil. Combatirlos es legítimo.

La legitimidad, sin embargo, se pierde cuando la mano que reprime se confunde con la que saquea. Y ahí está la red flag: la militarización de funciones civiles —poner a fuerzas con formación castrense a realizar tareas que antes eran de policías locales o de autoridades administrativas— trae consecuencias previsibles: abuso de la fuerza, detenciones arbitrarias, erosión de controles civiles y, sí, la tentación del atajo.

No es teoría: organizaciones de la sociedad civil y expertos en seguridad lo advirtieron esta semana. Durante la presentación del informe anual de Human Rights Watch, Lisa Sánchez, directora de México Unido Contra la Delincuencia, señaló que la participación militar en funciones antes civiles conlleva riesgos concretos: abuso de la fuerza, detenciones extrajudiciales, detenciones ilegales. Las imágenes que circulan en Aguascalientes encajan con esa advertencia como pieza en rompecabezas.

Lo que no es opinable es que la llegada de un relevo siempre debería ser una oportunidad para ordenar, profesionalizar y limpiar; que la primera gran escena pública que acompaña a ese relevo sea un video que huele a saqueo es, cuando menos, una mala tarjeta de presentación.

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