Sin descanso, sin paz, sin olvido: la lucha contra la desaparición

La vigilia en Aguascalientes exigió justicia por las desapariciones en Jalisco, recordando que sin verdad ni justicia, no hay paz ni olvido.

El dolor de la desaparición en México no conoce fronteras ni tiempos. Es un eco que resuena en cada rincón del país, en cada familia que espera respuestas, en cada madre que busca sin descanso. Esta vez, la herida se abrió nuevamente en Jalisco, donde recientes hallazgos evidencian lo que ya sabemos: la violencia no da tregua y la impunidad sigue siendo norma.

Por eso, la vigilia convocada por los colectivos de búsqueda y el Observatorio de Violencia Social y de Género en Aguascalientes (OVSGA) no fue solo un acto simbólico, sino un grito de resistencia. Bajo el lema “No hay descanso sin verdad. No hay paz sin justicia. No hay olvido”, la exigencia fue clara: el derecho a la verdad y a la justicia no pueden seguir siendo un privilegio inalcanzable.

En la Exedra, el centro neurálgico de Aguascalientes, se reunieron veladoras y zapatos como homenaje a quienes ya no están. Cada par de zapatos simbolizó una ausencia, un destino truncado, una vida que alguien decidió arrebatar. No fueron simples objetos, sino testigos de la indiferencia estatal y del dolor que miles de familias llevan a cuestas.

Porque más allá de las cifras y los discursos oficiales, la realidad es cruda: México sigue siendo un país donde las personas desaparecen y donde encontrarlas, vivas o muertas, depende más del esfuerzo de sus familias y de los colectivos de búsqueda que de las propias instituciones.

Las desapariciones no son eventos aislados, son el reflejo de un sistema que ha fallado. Fallado en prevenir, en investigar, en hacer justicia. Y lo más grave es la normalización de esta tragedia: vivimos en un país donde los hallazgos de fosas clandestinas ya no sorprenden, donde los titulares sobre restos humanos encontrados apenas generan reacciones.

Pero las familias no olvidan. No pueden darse ese lujo. Por eso salen a buscar, a exigir, a recordarnos que detrás de cada número hay un nombre, una historia, un ser querido que alguien espera.

Las vigilias, los zapatos, las veladoras, no son solo homenajes: son denuncias. Son pruebas de que mientras el Estado permanezca indiferente, la memoria será el arma más poderosa contra la impunidad.

Porque no hay descanso sin verdad. No hay paz sin justicia. Y no habrá olvido mientras siga habiendo desaparecidos.

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