Hay decisiones políticas que se aplauden por lo que resuelven, y hay otras —más escasas, más valiosas— que se aplauden por lo que evitan. La terminación anticipada del contrato de Asociación Público-Privada para la modernización del alumbrado público capitalino, aprobada esta semana en Sesión Extraordinaria de Cabildo, pertenece a esta segunda categoría. Y conviene decirlo sin rodeos: el municipio hizo bien en desvincularse de este asunto antes de que se convirtiera en una losa política imposible de cargar.
El alcalde Leonardo Montañez fue puntual en su explicación: la terminación no responde a un incumplimiento de la empresa MD Iluminación Nacional S.A. de C.V., sino al uso de una figura jurídica que permite dar por concluidos los contratos cuando existen condiciones que representan un mejor beneficio para el interés público. Y las condiciones, en efecto, cambiaron: solo entre 2024 y 2025 el municipio invirtió más de 24 millones de pesos para fortalecer directamente su propia área operativa de alumbrado, que hoy cuenta con 17 grúas con canastilla, 13 vehículos de recorrido y personal capacitado para el mantenimiento preventivo y correctivo de todo el sistema. La Secretaría de Servicios Públicos ya no necesita subcontratar lo que puede hacer con sus propias manos, y eso —dicho en términos llanos— es simplemente buena administración.
Pero el valor político de esta decisión trasciende el ahorro presupuestal o la eficiencia operativa. Lo que hace esta terminación anticipada es, ante todo, un ejercicio de autocrítica institucional que pocas veces se atreve a practicar el poder en Aguascalientes: reconocer, sin necesidad de escándalo, que un instrumento contractual ya no sirve al interés público y que prolongarlo por inercia burocrática hubiera sido más costoso —política y económicamente— que asumir el costo de cerrarlo.
Y aquí está la jugada maestra, la que de verdad desarma cualquier intento de capitalización opositora: al mover primero, el Ayuntamiento le quita a cualquier bancada crítica el terreno desde el cual construir un escándalo. Los regidores de Morena encabezaron los cuestionamientos sobre la terminación anticipada, cierto, pero cuestionar una decisión que ya corrige el problema que ellos mismos denunciarían es una posición incómoda, casi contradictoria. La autocrítica, bien ejercida, no es debilidad: es la forma más eficaz de vacunarse contra el ataque.
En la antesala de 2027, con la sucesión ya calentando motores y con cada decisión municipal bajo lupa de cara al proceso electoral, este tipo de movimientos importa doblemente. No solo resuelve un problema técnico de alumbrado; envía una señal de que la administración actual está dispuesta a corregir el rumbo en lugar de defender por inercia lo que ya no funciona. Es una apuesta por la sensatez sobre la comodidad política, y en un entorno donde la oposición capitalina busca cualquier grieta para narrar mala gestión, cerrarle esa puerta con hechos —no con discursos— es, sencillamente, buena política.
Aguascalientes necesita más decisiones así: menos defensa cerrada de lo indefendible, más disposición a corregir a tiempo antes de que el costo lo pague la ciudadanía en la oscuridad de sus calles.



