Veinte años no es nada
Tras 20 años de relación sin matrimonio, Rocío, amparada en la ley de concubinato, demanda a José Antonio. El caso desata debate sobre derechos de parejas de hecho y el valor del compromiso.

José Antonio y Rocío se conocieron en la universidad. Veinte años pasaron entre risas, viajes y sueños compartidos. Nunca se casaron, pero su vida en común era tan sólida como la de cualquier matrimonio. Sin embargo, el tiempo, ese juez implacable, comenzó a pesar sobre Rocío. Sentía que la vida se le escapaba entre los dedos y que José Antonio, cómodo en su eterna promesa de “algún día”, no tenía intención de cambiar.
Un día, Rocío tomó una decisión. Empacó sus cosas y se fue. José Antonio no lo tomó en serio, pensó que era un arrebato pasajero. Pero Rocío no regresó. Buscó asesoría legal y descubrió que, según la ley de concubinato de Aguascalientes, tenía derechos. Veinte años de vida en común, sin impedimentos para casarse, la convertían en concubina con derechos a herencia y, posiblemente, a una compensación económica.
José Antonio se sintió traicionado. “¡Después de todo lo que hice por ella!”, exclamaba a sus amigos. Pero Rocío estaba decidida. No quería venganza, solo justicia. Sentía que había dedicado su vida a una relación que nunca se formalizó y que ahora merecía una compensación por esos años de entrega.
El caso llegó a los tribunales y se convirtió en un tema candente en Aguascalientes. Algunos apoyaban a Rocío, argumentando que la ley protegía a quienes habían vivido en unión libre durante años. Otros criticaban la ley, diciendo que fomentaba el oportunismo. José Antonio, por su parte, se sentía víctima de una ley injusta.
El juez, después de escuchar a ambas partes, dictaminó a favor de Rocío. Reconoció su derecho como concubina y ordenó a José Antonio pagarle una compensación económica. La sentencia generó un intenso debate sobre la ley de concubinato y los derechos de las parejas de hecho.
José Antonio aprendió una lección dolorosa: veinte años no son nada si no hay un compromiso formal. Rocío, por su parte, sintió que había recuperado parte de su dignidad y que había sentado un precedente para otras mujeres en su situación.