A Opinión del 28/2/25

La política se estanca en su monotonía mientras el consumo crece sin distinción de ideologías. Liverpool domina como el verdadero partido del pueblo. Comprar es la nueva forma de participación ciudadana.

Liverpool y la Democracia del Consumo

Si la política local fuera un programa de televisión, ya la habrían cancelado por falta de originalidad. Los mismos actores, las mismas frases prefabricadas y las mismas promesas recicladas una y otra vez. Pero no hay de qué preocuparse, porque aunque la democracia sea predecible, el verdadero fenómeno político del país sigue siendo el consumo. Y si hay un partido al que todos los ciudadanos, sin importar su ideología, parecen pertenecer, ese es el Partido Liverpool.

Los números no mienten. Mientras los políticos siguen en su teatro de siempre, el Puerto de Liverpool reportó en 2024 ganancias netas por cuatro mil 391.7 millones de pesos en el tercer trimestre, un 10.6% más que en 2023. Para ponerlo en perspectiva, en 2025, el Cabildo del ayuntamiento de Aguascalientes aprobó un presupuesto de egresos de cuatro mil 988 millones 662 mil 723 pesos. Es decir, el dinero que mueve esta cadena de tiendas casi equivale al presupuesto de una ciudad entera. Al parecer, los ciudadanos votarán con su cartera antes que con su boleta electoral.

Y es que, independientemente de la inflación y las dificultades económicas, la gente sigue comprando. Según un estudio de Kantar, los mexicanos han encontrado en el consumo un refugio, una trinchera donde librar sus propias batallas. Los niveles socioeconómicos bajos, lejos de privarse, ahora incluyen en su lista de compras productos premium. Tal vez no hay dinero para una casa, pero sí para una loción fina o un gadget de última generación.

La salud también se ha convertido en una industria floreciente. El 3% de los hogares mexicanos ya toma medicamentos para bajar de peso, mientras que el 7% consume suplementos dietéticos. Esto plantea una interesante paradoja: en un país donde la obesidad es un problema de salud pública, las marcas premium de bienestar se abren paso con la misma facilidad que una tienda Liverpool en cualquier centro comercial.

Por supuesto, no podemos ignorar el fenómeno de las marcas propias, que pasaron de un 3.8% de participación en 2023 a un 4.2% en 2024. Porque, aunque el consumidor mexicano valore el lujo, también sabe que hay que equilibrar las cuentas. Y mientras el político promedio sigue vendiendo promesas vacías, las empresas están vendiendo lo que realmente importa: cosas que la gente quiere, necesita y, sobre todo, está dispuesta a pagar.

Tal vez la gran lección de todo esto es que, en el México del siglo XXI, la lealtad política es efímera, pero la lealtad a las marcas es casi sagrada. Se podrá cambiar de partido político, pero nunca de proveedor de perfumes o de la tienda donde se compra la ropa de temporada. Y así, mientras los políticos siguen debatiendo sobre el futuro, los consumidores ya lo están comprando, en cómodas mensualidades, sin intereses.

Al tiempo… y a su opinión

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