Más allá de los números: un solo caso ya es cifra roja

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En la madrugada del 11 de octubre de 2026, en la comunidad El Salero, Cosío, Teresa “N” estuvo a punto de perder la vida. Según la Fiscalía General del Estado de Aguascalientes, su expareja, Luis René “N”, la interceptó, la golpeó en el rostro, la arrastró del cabello varios metros sobre un camino de terracería y después la sujetó del cuello con la intención de asfixiarla, mientras la amenazaba de muerte y la arrastraba hacia un arroyo de aguas residuales. Solo la intervención de sus familiares impidió que la agresión terminara en homicidio.

El caso fue judicializado como feminicidio en grado de tentativa. Un juez de control dictó auto de vinculación a proceso y ordenó prisión preventiva justificada. La Fiscalía estatal presentó el resultado como parte de su trabajo para combatir la violencia contra las mujeres.

Las estadísticas oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) indican que, de enero a septiembre de 2026, se registraron alrededor de 518 a 520 víctimas de feminicidio en todo el país. En septiembre se contabilizaron 72. Aguascalientes aportó tres de esas víctimas en el mismo periodo. El fiscal general del estado ha señalado que la Fiscalía se apega a las cifras del SESNSP.

Esos números importan porque permiten dimensionar el problema y comparar realidades. Pero no bastan. Un feminicidio o una tentativa de feminicidio ya constituyen una cifra roja. No se trata de relativizar el daño porque “en otros estados hay más” o porque “en Aguascalientes son pocos”. Se trata de reconocer que cada mujer que es agredida con la intención de matarla, o que es asesinada por razones de género, representa un fracaso preventivo y una deuda de justicia, independientemente de si el total estatal o nacional sube o baja.

El caso de Cosío lo ilustra con claridad: la víctima sobrevivió, por lo que no aparece como feminicidio consumado en los reportes mensuales del SESNSP. Sin embargo, el riesgo fue real, la violencia extrema ocurrió y la clasificación jurídica que se le dio reconoce el carácter de género del ataque. La diferencia entre una tentativa y un feminicidio consumado la marcaron, en este caso, los familiares de la víctima. En un país donde se siguen registrando cientos de feminicidios al año según el SESNSP, y en un estado que reporta pocos casos pero no cero, el trabajo de las fiscalías no termina con la detención. Empieza con la investigación rigurosa, la correcta clasificación del delito y la aplicación de las medidas cautelares que la ley permite cuando hay riesgo para la vida de las mujeres.

Pero detrás de este episodio queda una pregunta inevitable: ¿cuánta violencia se vivió en ese hogar antes de llegar a este punto? ¿Cuántas amenazas, golpes o formas de control quedaron en silencio hasta que la agresión escaló a intentar privar de la vida a Teresa “N”? Y, más allá de este caso concreto, ¿cuántos hogares en Aguascalientes y en México viven infiernos de violencia en silencio, sin que nunca lleguen a las estadísticas oficiales ni a una denuncia?

La respuesta institucional no puede limitarse a actuar después de que la agresión ya ocurrió. La prevención es igual de importante. Los programas de concientización y sensibilización resultan fundamentales para transformar las conductas que normalizan la violencia de género, para que las mujeres reconozcan a tiempo las señales de riesgo y para que la sociedad en su conjunto deje de tolerar estas formas de agresión. Sin ese trabajo preventivo, las cifras —aunque bajas— seguirán incluyendo casos que pudieron evitarse.

Los datos oficiales muestran una disminución moderada respecto al mismo periodo de 2025 a nivel nacional. En Aguascalientes la incidencia absoluta sigue siendo reducida. Sin embargo, ninguna de esas cifras elimina el hecho de que una mujer fue golpeada, arrastrada y casi asfixiada por su expareja. Más importante que la estadística es la certeza de que con un solo feminicidio o intento de feminicidio ya hay números rojos. Y que la respuesta institucional, cuando actúa con oportunidad tanto en la investigación como en la prevención, puede evitar que una tentativa se convierta en otra cifra definitiva.

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