Noche de Sombras y Capturas: La Justicia Acecha en Aguascalientes
Crímenes, capturas y ajustes de cuentas sacuden Aguascalientes en una noche donde la ley cazó a sus presas más peligrosas.

El humo del cigarro flotaba en el aire viciado de mi oficina cuando el teléfono sonó. Al otro lado de la línea, una voz rasposa dejó caer la noticia como una losa: “Cayeron a ‘El Gello'”. Rogelio., para los oficiales de uniforme. Para el bajo mundo, un tipo que había sabido jugar sucio hasta que le tocó perder.
Lo encontraron en Calvillo, escondido en una casa maltrecha donde ni las ratas querían vivir. Dicen que la noche del 25 de marzo de 2023, ‘El Gello’ y ‘El Presi’ –J. Jesús Guerrero en su acta de nacimiento– tuvieron un desacuerdo. No de esos que se resuelven con palabras, sino con un golpe certero en la cabeza. Un objeto contuso, lo llamaron los peritos. Un billete de ida sin retorno para ‘El Presi’.
No fue un caso de mala suerte. Era una cuenta pendiente, un ajuste de cuentas entre dos jugadores del mismo tablero. ‘El Gello’ pensó que podía borrar la competencia de un solo golpe, pero la ley llegó con la paciencia de un cazador. Lo atraparon, y ahora le toca enfrentar la justicia.
Mientras la fiscalía se encargaba de su nuevo huésped, en otro rincón de la ciudad los federales le ponían las manos encima a un chico de 22 años con medio kilo de crystal en el asiento de su Nissan pickup. Lo detuvieron en Los Pericos, un barrio donde la velocidad no es solo un tema de tránsito. Conducía sin placas, como si la clandestinidad fuera su segunda piel. Lo revisaron y encontraron lo que ya sospechaban. Un boleto de ida al Ministerio Público y una pregunta en el aire: ¿de dónde venía tanta mercancía?
La noche tampoco trajo calma. En Palo Alto, en El Llano, un hombre de 35 años intentó perderse entre las sombras cuando vio a la patrulla. No lo logró. En su bolsillo llevaba cinco gramos de cristal, y en su pasado reciente, el filo de un cuchillo hundiéndose en el cuerpo de un hombre de 49 años. Los testigos dieron su descripción con la claridad del miedo y la rabia. La ley ató cabos y ahora él tiene un destino marcado en la fiscalía.
La ciudad no dormía y los policías tampoco. En Paseos de San Antonio, un tal Fernando N., de 31 años, cayó en una red que llevaba meses tejiéndose. Tenía una orden de aprehensión por delitos contra la salud y su nombre en el sistema Plataforma México. No pudo correr. No pudo esconderse. Solo pudo esperar su turno frente al Ministerio Público.
Y como si la noche fuera un caldo de historias violentas, en el fraccionamiento Solidaridad II, un hombre celoso y furioso rompió el cristal de un Nissan Versa con un tubo metálico de 70 centímetros. La mujer no quiso verlo. Él no soportó el rechazo. El ruido de los vidrios rotos llamó a los vecinos, que hicieron lo que él no pudo: usar el teléfono para algo más útil que amenazas. La patrulla llegó y se lo llevó.
El último acto de la jornada lo protagonizó José., un tipo que decidió que la mejor manera de pasear de noche en el fraccionamiento Periodistas era con un machete de 60 centímetros en la mano. Una mujer aterrada lo señaló, y cuando la patrulla apareció, él intentó esconderse y deshacerse del arma. Pero en esta ciudad, los que corren tarde o temprano se tropiezan. Ahora está en la fiscalía, esperando que alguien le explique en qué momento las cosas salieron mal.
La ciudad nunca duerme, y los demonios tampoco. Pero en esta ocasión, al menos algunos de ellos pasaron la noche tras las rejas.