Sombras en Valle de los Cactus

Un investigador reflexiona en una cantina sobre tres casos: un hombre armado, un prófugo capturado y un cuerpo con el cuello cortado.

La noche caía pesada sobre Aguascalientes, con su brisa seca y las luces de neón tintineando sobre el pavimento agrietado. En la barra de una cantina con olor a tequila barato y promesas rotas, tomaba notas en mi libreta mientras el hielo en mi vaso se derretía lentamente.


—Otro más —dije, empujando el vaso vacío hacia el cantinero.


El caso había comenzado con un cuchillo de mango negro y un hombre llamado Jordan “N”. La Policía Montada lo había visto en Valle de los Cactus, un fraccionamiento donde las sombras suelen esconder secretos.

Jordan los miró, intentó huir y dejó caer su cuchillo de 45 centímetros, un gesto que en este juego solo tiene dos significados: miedo o culpa. Ahora estaba bajo la fría luz del Ministerio Público, esperando a ver qué tan larga sería su estadía tras las rejas.
Mientras sacaba un cigarro, pensé en otro hombre menos afortunado.

Miguel Ángel, de 28 años, fue detenido en Mirador de las Culturas por estar armando escándalo en la calle. Lo que comenzó como una simple detención por alterar el orden terminó con la revelación de una orden de aprehensión vigente por delitos contra la salud en Guanajuato.

Mala suerte, pensé. O tal vez solo llegó el día en que su pasado le cobró factura.


Pero lo que realmente hizo que la noche pesara sobre mis hombros fue el hallazgo en El Llano. Un cuerpo sin nombre, abandonado en un terreno rústico, con una herida cortante en el cuello que hablaba más que cualquier testigo. No necesitaba ser un forense para saber que no fue un accidente.


Exhalé el humo del cigarro y miré mi libreta. Tres casos, tres historias, y un puñado de preguntas sin respuesta. La ciudad seguía girando, indiferente a su propia oscuridad. Pedí otro trago. La noche aún era joven y la verdad, como siempre, seguía oculta entre las sombras.

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