A Opinión del 18/3/25

El debate sobre la tauromaquia enfrenta tradición y cambio, cuestionando su futuro en México mientras la afición defiende su identidad cultural.

Tauromaquia: tradición, identidad y el dilema del cambio

Hay momentos en la vida que se graban con fuego en la memoria, escenas que, con el paso del tiempo, se convierten en recuerdos entrañables. Para mí, uno de esos momentos se remonta a la sala de la casa de mi abuela, donde un instante merecía absoluta concentración: la transmisión de las corridas de toros. Ahí estaba mi abuelo, el Profesor Méndez, con un vaso de Don Pedro en la mano y un cigarrillo John Player Special entre los dedos, explicando con pasión cada detalle de lo que sucedía en la pantalla. Esos recuerdos, más que de toros, son de identidad, de familia y de tradición. Para mi abuelo darse el gusto de inculcarle la pasión por la fiesta a sus nietos era un gusto que ninguna de sus hijas se hubiera atrevido a quitarle.

En Aguascalientes, la tauromaquia no es solo un espectáculo; es una manifestación cultural que ha tejido la historia del estado. La Feria Nacional de San Marcos, una de las más importantes de América Latina, tiene a la fiesta brava como uno de sus pilares. Para muchos, la tauromaquia es una expresión de arte, valentía y respeto por una tradición que ha resistido el paso del tiempo. Sin embargo, las corrientes de pensamiento han cambiado, y la reciente propuesta en la Ciudad de México de realizar corridas sin sangre ha encendido un debate que sacude a la afición y al gremio taurino.

Los defensores de la tauromaquia argumentan que prohibir o modificar la esencia de la fiesta atenta contra la libertad, la economía y el arraigo cultural. Los toreros, ganaderos y empresarios han hecho oír su voz, algunos incluso llamando a la movilización en la capital del país. En Aguascalientes, aunque no hay una propuesta formal para prohibir la tauromaquia, el Partido Verde Ecologista de México ha manifestado su intención de impulsar una iniciativa en ese sentido. Mientras tanto, el gobierno estatal asegura que la tradición seguirá vigente.

Es innegable que el mundo está cambiando y que cada generación tiene el derecho de cuestionar sus costumbres. ¿Se puede adaptar la tauromaquia sin despojarla de su esencia? ¿Es posible conciliar tradición y sensibilidad actual sin que una destruya a la otra? El secretario de Turismo de Aguascalientes ha propuesto la creación de un museo en la Monumental Plaza de Toros, una idea que, aunque bien intencionada, parece insinuar la posibilidad de que, algún día, la tauromaquia quede como un recuerdo del pasado.

Para quienes crecimos con la fiesta brava como parte de nuestra historia personal y cultural, el debate no es fácil. No se trata solo de toros; se trata de lo que representan. En la casa de mi abuela, aquellas tardes de toros eran un vínculo con mi abuelo, con su pasión, con su forma de ver la vida. La nostalgia no es un argumento suficiente para defender una tradición, pero sí lo es para reconocer que hay valores y costumbres que, más allá de la polémica, forman parte de nuestra identidad.

El destino de la tauromaquia en México sigue siendo incierto. Lo que es seguro es que cada generación tomará sus propias decisiones. Mientras tanto, los recuerdos, las plazas y la pasión de la afición siguen en pie, al menos por ahora.

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