En 2026, el Aeropuerto Internacional de Aguascalientes lleva ocho meses de cifras irregulares. El primer trimestre cerró con una caída de 4.1% en el flujo de pasajeros. En agosto llegó el repunte: 94 mil 200 pasajeros, 9.7% más que en el mismo mes del año anterior. Con ello, el acumulado de enero a agosto suma 656 mil 200 pasajeros, apenas 0.5% por encima del mismo periodo del año anterior, pero por delante del conjunto de aeropuertos de Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), que acumula una baja de 3.9%. La dirección de la terminal espera cerrar el año con más de un millón de pasajeros, algo que nunca ha ocurrido.
Superada la etapa de recuperación posterior a la pandemia, el aeropuerto ya no puede explicar su desempeño por el rebote. Lo que sigue depende de la demanda que logre construir. Y las cifras de este año muestran que hoy depende del tráfico nacional: en agosto creció 18.3%, mientras el internacional cayó 5.8%. Esa combinación obliga a plantear una pregunta más interesante que la comodidad de volar desde casa: ¿puede Aguascalientes convertirse en un aeropuerto regional de mayor relevancia?
Durante años, para muchos aguascalentenses viajar al extranjero significó comenzar el recorrido por carretera. Guadalajara o León eran la puerta de entrada a las conexiones y destinos que nuestra terminal no ofrecía. Nos acostumbramos tanto que terminamos considerándolo normal: manejar varias horas antes de abordar, pagar casetas, gasolina y estacionamiento, y sumar tiempo y cansancio a un viaje que podría comenzar en nuestra propia ciudad.
Ahora hay una inversión que obliga a pensar más grande. En julio de 2025, GAP anunció que destinará 859 millones de pesos al aeropuerto de Aguascalientes dentro de su Plan Maestro de Desarrollo 2025–2029. Las obras contemplan duplicar la sala de última espera y ampliar 40% la plataforma, y la propia empresa las presentó como la mayor apuesta económica en la historia de la terminal. Al presentarse el plan, la gobernadora Tere Jiménez sostuvo que los inversionistas siempre preguntan por el aeropuerto y las vías de comunicación, y que la inversión responde al crecimiento del estado.
Una cantidad de esa magnitud exige una discusión más ambiciosa que la de tener una terminal más cómoda. La pregunta es otra: ¿para qué aeropuerto estamos invirtiendo?
Si la respuesta es únicamente atender mejor a los habitantes de Aguascalientes, estamos pensando demasiado pequeño. A menos de dos horas existe un mercado potencial que rebasa las fronteras estatales: parte de Zacatecas, Los Altos de Jalisco y municipios de la región que hoy tienen a Guadalajara, León o San Luis Potosí como alternativa. Ahí está la verdadera oportunidad: darle mayor flujo al Aeropuerto Jesús Terán Peredo.
Hay que reconocer la objeción evidente. Guadalajara y León ofrecen frecuencias y destinos que Aguascalientes difícilmente igualará en el corto plazo. ¿Por qué un pasajero de Zacatecas o de Los Altos manejaría hacia nuestra terminal? Solo si encuentra una oferta que valga la pena: precio competitivo, rutas con demanda real, acceso terrestre sencillo y promoción sostenida. Nada de eso llega por sí solo.
Por eso abrir rutas no basta. Ha sido uno de nuestros errores recurrentes: celebrar la fotografía inaugural, el corte del listón y el primer avión, y descubrir meses después que la ruta no consolidó demanda. La experiencia local lo confirma. En enero de 2024, Aeroméxico canceló la ruta AIFA–Aguascalientes, tres meses después de abrirla, por falta de pasajeros, según confirmó la Secretaría de Turismo estatal. Y la conexión con La Paz, que TAR inició el 7 de julio de 2025, cambió de formato a partir del 1 de diciembre: ahora el mismo avión hace escala en Mazatlán. Una ruta se sostiene con pasajeros, y conseguirlos requiere una estrategia conjunta entre autoridades, empresarios, sector turístico, agencias de viajes, cámaras empresariales, universidades y el propio aeropuerto.
Esa estrategia tiene contenido concreto: promover el aeropuerto en Zacatecas, competir por los pasajeros de Los Altos, construir paquetes turísticos, facilitar el transporte terrestre hacia la terminal, trabajar con agencias y empresas de los estados vecinos, identificar destinos con demanda comprobada y acompañar cada ruta después de inaugurarla.
Aguascalientes tiene ubicación, industria, turismo de negocios y una Feria Nacional de San Marcos capaz de atraer visitantes de todo el país. Lo que falta es asumir esa dimensión. La infraestructura, por sí sola, no garantiza conectividad. La conectividad se construye.
Durante décadas pensamos nuestro aeropuerto como el aeropuerto de Aguascalientes. Quizá llegó el momento de pensarlo como el de una región del centro del país. La verdadera transformación ocurrirá cuando sean los habitantes de otros estados quienes comiencen a manejar hacia Aguascalientes para tomar su vuelo. Ese día habremos dejado de tener solamente un aeropuerto internacional en casa y habremos empezado a impulsar un aeropuerto regional.
Al tiempo… y a su opinión.



