Una puesta en escena inclusiva, creada por y para personas con discapacidad visual y auditiva, es el innovador concepto que presentan el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del programa nacional Escenarios IMSS–Cultura 2025–2026.
Se trata de una obra que ofrece una experiencia sensorial única, descrita por sus organizadores como un performance coreográfico construido a partir del contacto y el sonido. La propuesta está inspirada en los recuerdos auditivos de personas con discapacidad visual, quienes participan activamente en la interpretación de una pieza de danza contemporánea incluyente.
Con este tipo de iniciativas, el IMSS busca generar espacios artísticos accesibles para toda la población. El objetivo es que personas con ceguera, debilidad visual u otra discapacidad puedan disfrutar del arte en igualdad de condiciones, eliminando barreras y promoviendo escenarios universales.
“La idea es que sea para el público en general, que todos se lleven una experiencia distinta de lo que es la danza, que puedan percibirla desde otros sentidos, no solo desde la vista. Está pensada para todo tipo de público, incluso para personas que no pueden ver, pero que pueden escuchar la danza. Es una experiencia sensorial que busca concientizar a la gente sobre lo que significa ser invidente”, explicó el director José Ángel Luna Pedroza.
La obra, montada por la compañía Transhymantes Danza Contemporánea, se ha presentado en distintas partes del país, sorprendiendo a públicos de todas las edades. Durante el mes de febrero, llegará a su tierra natal, Aguascalientes, con funciones gratuitas y de acceso libre en el Teatro del IMSS, ubicado junto al Hospital General Número 1, los días 11, 12 y 13 de febrero, a las 6 de la tarde.
Bajo la dirección del maestro Luna Pedroza, el elenco está conformado por nueve bailarines profesionales originarios de Aguascalientes, tres de ellos con discapacidad visual, quienes han trabajado de manera conjunta para construir una propuesta artística basada en la confianza, la comunicación y la sensibilidad.
“Ha sido un reto integrarme, pero más que difícil ha sido increíble. Soy ciego de nacimiento y, aunque ha sido complicado en algunos aspectos, ha sido una experiencia muy enriquecedora”, reconoce Chuy, uno de los bailarines participantes.
Por su parte, Óscar, quien no nació con ceguera, pero la adquirió, también enfrenta desafíos dentro de la coreografía. “Yo había visto algo de danza, pero no contemporánea. No es lo mismo verla que hacerla. Es complicado llevar el paso, coordinarse y no pisar al compañero, pero hemos logrado un buen trabajo”, señala.
La bailarina Sarai Villalba destaca el valor humano del proyecto: “Lo más satisfactorio ha sido trabajar con personas distintas. A veces la danza puede ser un espacio muy cerrado, y si no tienes ciertas capacidades, se te cierran las puertas. He aprendido mucho de mis compañeros con discapacidad visual. Así como yo los guío, ellos también me guían. He aprendido nuevas formas de comunicarme y de ver el mundo. Además, la respuesta del público ha sido muy emotiva; en cada función la gente sale conmovida”.
Usando la danza como una herramienta poderosa para lograr la inclusión y la sensibilización social, “Viaje al Infinito” demuestra que la naturaleza del arte es ser universal, y que puede cautivar los sentidos, sin importar las limitaciones físicas de una discapacidad.

